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GENTES DE LEÓN / Ricardo Fernández

Muere un hombre y un oficio

El creador de buena parte de los carros del Curueño era uno de los últimos artesanos del gremio

Fulgencio Fernández / Otero
La esquela que ayer aparecía en los periódicos leoneses de Ricardo Fernández Álvarez seguía la buena costumbre existente en lugares como Asturias y entre paréntesis aclaraba: ‘El carrero de Otero’. Escuché ayer a varios de esos personajes que leen el periódico en los bares y empiezan por las esquelas hacer el mismo comentario: “Hombre, el carrero de Otero, no sabía que se llamaba Ricardo. Le hizo un carro ‘a la medida’ para...”.
Son de esas gentes que todo el mundo conoce por su profesión y valora por su buen hacer. Y ‘el carrero de Otero’, uno de los últimos del gremio en la provincia, era de los que tenía fama, y buena. Era de los que trabajaba a la medida. “Hago carros del país, cuadrados, de escalera, de escalera encubada, de telerines, basculante...”, le explicaba a su pariente el psicólogo Miguel Ángel González Castañón en un reportaje que apareció en la Crónica de León curiosamente el 28 de julio de 1986, la misma fecha de ayer, día de su entierro.
Entonces todavía trabajaba Ricardo Fernández, pero ya habían pasado los mejores tiempos del oficio. El buen hombre conocía mejor que nadie los motivos. “Lo que echó abajo el negocio fue que marchó la gente de los pueblos y los tractores, la maquinaria”.
El oficio de carrero fue uno de los más complicados, había que tener mucha mano, afición y ser también algo herrero, pues “el carro de telerines lleva la madera chapeada en hierro y el de escalera encubada es de hierro torcido en las contravaras y varales”. Todo un mundo de trabajos y de palabras. Escuchar a Ricardo sería como escuchar a un japonés en su idioma para muchos de los chavales de hoy. ¿Qué pensarían cuando les hablara del sillero, las corzas, las latillas, los cabijales, el tentemozo, la rabera...?
Se mueren los últimos artesanos de un oficio y con ellos se muere el oficio en la comarca. La esquela que ayer aparecía en los periódicos avisaba de la desaparición de Ricardo Fernández, ‘El carrero de Otero’, y de la desaparición del oficio de carrero en la comarca del Curueño. Ya hace muchos años que los carros habían caído en desgracia aunque a Ricardo no le faltaba trabajo, siguió en el oficio muchos años más allá de su jubilación, por entretenimiento. “Nunca faltaba quien venía a que le arreglara algo de un carro que tenía por casa. Algunos lo seguían usando en las faenas del campo, otros ya los tenían para adorno, pero seguía teniendo más trabajo que tiempo y, en los últimos años,algunas veces ganas”.
Ayer se fue, con 87 años, este excelente carrero y mejor tertuliano, gran conversador. Murió como quería, con lucidez mental, en su casa de Otero, donde tantos carros hizo y tantas anécdotas contó y protagonizó.
Se han muerto los carreros.

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