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MÚSICA ‘Tour’ en España

Último billete para el poeta de la voz grave

León acoge el concierto propiciado por la ruina de este poeta, mujeriego,ex monje budista, solitario, imprevisible

El enigmático hombre del sombrero llega el próximo viernes a León.

Fulgencio Fernández León
Mucha gente (y más si pensamos en los tiempos que corren y los precios del concierto, por más que se vendan como los más baratos de la gira) se va a reunir en la plaza de toros de León para ver a otro mito, allí en el mismo lugar donde hace unos meses estuvo Dylan. Curiosamente todo este público será la suma de motivos diversos para estar allí: unos irán a escuchar en directo las canciones que escuchan en sus discos, otros disfrutarán con los poemas que son sus letras, no faltarán quienes no quieren dejar pasar de largo otra ocasión de esas que llaman únicas, los habrá que sólo quieren comprobar que es cierto que sólo se quita su sombrero para saludar al público y cuando sus músicos hacen un solo... y todos querrán saber si se desvela alguno de los enigmas que acompañan a este veterano cantante que es capaz de ofrecer una biografía que admite calificativos como los de mujeriego y, a su vez, ha pasado cinco años en un monasterio budista y a pesar de ser un monje zen no abandonó la religión judía.
El imprevisible Cohen, el que no concede entrevistas pues ya está de vuelta de todo. El que ha respondido a algunas por correo electrónico y lo ha hecho en verso. Así explicaba en una de ellas su pasión por el poeta español García Lorca, en la que mantiene una curiosa teoría, muy de Cohen: “Lorca vive en Nueva York / nunca volvió a España. / Se fue un tiempo a Cuba / pero ha vuelto a la ciudad. / Está cansado de los gitanos / y está cansado del mar. / No soporta tocar su vieja guitarra / sólo tiene un tono. / Oyó que lo habían matado / pero no es verdad, mira. / Vive en Nueva York / aunque no le gusta”.
Llega, en definitiva, el llamado poeta de la voz grave y pausada, el artista de la vida enigmática que en su búsqueda de la felicidad que canta viajó en los trenes de las drogas (que incluyen el alcohol), el sexo promiscuo y la inevitable (para los artistas) cienciología.
Y ahora la pobreza.

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