Hacinas, un pueblo de Burgos, pone en valor sus ‘árboles piedra’ de 120 millones de años
Uno de los árboles fósil que se puede contemplar en Hacinas. RICARDO ORDÓÑEZ/ICAL
Ical / León
La vida de hace 120 millones de años aparece reflejada en el paisaje que rodea a la localidad burgalesa de Hacinas a través de distintos ejemplares de árboles fósiles como el Protopodocarpoxylon Hacinensis y el Agathoxylon, ambos del Período Cretácico, que fueron registrados y datados en el año 2006 por los profesores Luis García y Paloma de Palacio. Sin embargo, ya en el año 1976 el Padre Ventura Alonso fue consciente de la riqueza arqueológica que albergaban estos parajes e instó a los vecinos a desenterrarlos y trasladarlos al pueblo. En la década de los 30, “se localizó el primer antecedente de lo que se dio en llamar ‘árbol piedra’, una pieza de alrededor de 50 centímetros y casi media tonelada”, explica el alcalde de Hacinas, Alberto Gallego.
En la actualidad, son varios los ejemplares que se encuentran en los alrededores del municipio, ya que tres de ellos fueron trasladados durante el siglo pasado al casco urbano. El motivo, los continuos expolios que se produjeron desde entonces obligaron al Ayuntamiento de Hacinas a ser “precavidos”. Por ello, aunque en estos momentos hay casi una decena de árboles fósiles localizados, estos están enterrados.
Fruto del descubrimiento de estos ejemplares es la creación del Centro de Visitantes del Árbol Fósil, que a falta de inauguración oficial, fue puesto en marcha en el mes de enero, tiempo en el que ha recibido más de 2.000 visitas durante los fines de semana. Este lugar, apunta el alcalde, está basado en una investigación realizada por la Universidad Politécnica de Madrid en colaboración con la de Lyon.
La creación del Centro de Visitantes, ubicado en la denominada ‘Casa del Cura’, contó con un presupuesto de 243.000 euros. Dispone de dos plantas, la inferior está dedicada a la parte museística y la superior estará destinada a usos múltiples. El edificio “pretende servir para atraer turistas hasta la zona”, motivados por la cercanía de los yacimientos de dinosaurios que se encuentran en Salas de los Infantes, y es que “estos animales y los restos fósiles vegetales son de la época”, comenta Gallego.
El centro, “muy visual y adaptado a personas con minusvalías”, ofrece audioguías en tres idiomas y signoguías para las personas sordas para facilitar así el acceso al mismo. El recorrido por la oferta cultural comienza desde la misma puerta, donde se ubica el primer resto árbol fósil trasladado hasta Hacinas, en este caso de más de tres metros de altura. Ya en el interior, ‘Podocarpín’ explica a los más pequeños, que se ubican en una decoración “completamente temática”, el proceso de fosilización. Junto a esta mascota, un DVD ofrece explicaciones a los ‘más mayores’ sobre la historia de las investigaciones llevadas a cabo en Hacinas.
Nueva Zelanda
Tras andar unos pasos, el visitante se encuentra con una reproducción del bosque del Cretácico, “con una vegetación que se puede ver en estos momentos en los bosques de Nueva Zelanda”. En el interior del museo, el espectador parece estar ante cualquiera de las cuevas molde que se encuentran en los alrededores de la localidad, como son ‘Los Peñucos’, ‘Cabeza Majada’ y ‘Cueva de los Moros’. “Son huecos dejados por los árboles al sufrir un proceso de descomposición y desaparecer su materia orgánica”, indica el alcalde.
El contenido de este complejo se completa con una muestra de fósiles del Carbonífero, una zona de experimentos, paneles explicativos sobre los bosques fósiles existentes en España y en el mundo, una pieza de un tronco fósil de Hacinas y una sala de audiovisuales.
El objetivo ahora, apunta Gallego, “es conseguir realizar un recorrido por todos los árboles que están localizados”, aunque para ello “deben estar protegidos”. Es por eso que desde el Ayuntamiento de Hacinas se han mantenido ya las primeras gestiones con la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León con el fin de declarar la zona monumento natural.
Sin embargo, este proceso, que comenzó hace dos años, “puede durar hasta cuatro más”.
Una especie única
Según se aprende a lo largo del recorrido por el Centro de Visitantes del Árbol Fósil, hace 120 millones de años, el clima caluroso y húmedo favoreció el desarrollo de un bosque de coníferas. Sin embargo, algún cataclismo o huracán, posiblemente desatado por una tormenta tropical, derribó unos cuantos ejemplares cuyos troncos quedaron cubiertos por una capa de lodo y sedimentos arrastrados por la corriente de un río. El proceso lo explica Jesús Cámara, profesor y entendido en esta área, quien añade que es así como comienza el proceso de petrificación, con unas condiciones mínimas de oxidación. De esta manera, “el agua se mueve entre los sedimentos y excluye el oxígeno, al tiempo que se infiltra en las células de la madera impregnando los tejidos de dióxido de silicio y otros minerales”.
Así, los tejidos orgánicos se destruyen pero las sustancias minerales acaban generando en piedra una copia de las marcas del tronco, algo que espera a ser conocido en Hacinas.