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SOCIEDAD / La ONG presta servicios básicos

Pasen, vean y elijan lo que necesiten en el ropero diocesano

Cáritas atiende a una media de 20 personas al día que acuden con una necesidad tan básica como vestirse

El secretario general de Cáritas, Manuel Fernández, muestra el calzado. MARTA LÓPEZ

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Sonia Vidal / León
En estos tiempos que corren, el día a día para muchas personasse convierte en una lucha constante por salir adelante, poder llevarse algo a la boca y vestirse. Ahí es donde Cártias tiende su mano para intentar cubrir esas necesidades básicas de forma momentánea a través de las donaciones y del trabajo realizado bajo las premisas del optimismo y la esperanza desde losnumerosos servicios que ofrece esta ONG.
El ropero diocesano, situado en el número seis de la calle Dámaso Merino es uno de ellos. Bajo la filosofía de la organización de que “para Cáritas no vale todo”, como comentó Manuel Fernández, secretario general de Cáritas, el ropero alberga toneladas de ropa donadas por los ciudadanos leoneses a disposición de quienes más la necesiten.
Una media de entre 400 y 500 kilogramos de ropa llegan a la puerta de la ONG cada lunes, día en que se encargan de su recogida en un horario de 16:30 a 18:30 horas de la tarde. “Cada lunes esto se inunda de ropa”, afirma Manuel. Durante los días dedicados a su distribución (martes, miércoles y jueves en el mismo horario), alrededor de 150 personas se acercan cada semana con la necesidad de alguna prenda de vestir, lo que supone una media de 20 personas al día con falta de algo tan básico como es la ropa. Manuel asegura que, en algunas ocasiones, “encontramos gente haciendo cola desde las dos de la tarde”.
Los voluntarios, 22 en el caso del ropero, son la base fundamental del mismo. “Sin ellos este servicio no existiría, pues con su dedicación cada día de la semana consiguen sacarlo adelante”. Estos llevan a cabo la recogida, clasificación y reparto de las prendas. “Algunas voluntarias llevan a sus casas la ropa para lavarla y plancharla si es necesario”, señala Manuel, quien añade que “voluntarios nunca son muchos, ya que siempre son necesarios más”.
Cuando la ropa llega a Cáritas se inicia un proceso de clasificación que empieza por separar lo útil de lo que no lo es. Aunque, generalmente llega en buen estado, es necesario que la gente done ropa que esté en uso. “Si tiene bajos o cremalleras rotas, por ejemplo, se retira. La gente que viene a pedirnos ropa también tiene su dignidad”, explica. Sería necesario un taller de reciclaje en la organización, que permitiría el arreglo de estas prendas completando una cadena perfecta de costura, lavado y planchado. Tras la selección anterior, lo servible se clasifica por tallas, sexo o tipo de prenda, y lo desechado se traslada al punto limpio.
El despacho al público se realiza de forma sencilla, la gente espera ordenadamente hasta que toque la vez, habiendo cogido previamente un ticket “como en el supermercado”, apunta. Una vez dentro, cada uno mira y escoge lo que quiera y le guste. Asimismo, Cáritas lleva un control, a través de una base de datos, de a quién y cuántas veces al año se le atiende.
Todas las prendas están catalogadas y tienen un precio simbólico, la más barata cuesta cinco céntimos, la más cara un euro. “Esto simplemente le da un valor a la prenda para que nadie la desprecie, como hemos visto casos en los que lo tiran al doblar la esquina”, explica Manuel. Lo recaudado se utiliza para comprar ropa interior y calzado nuevo que se pone a disposición de quien lo necesite.

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