Logo de la-cronica.net


EL COLUMNISTA INVITADO / José Álvarez Guerra

Arquitectura naval

Anda uno por el mundo proyectando casas y más casas, perdón, viviendas, afinando el espacio, sacando habitaciones y servicios, alambicando medidas, sacando de donde no hay y siempre temeroso de que al ejecutar la obra, por mor de ese ajuste infinitesimal, se nos vaya un pilar un par de centímetros y no nos quepa el lavabo.
Ponemos nuestros cierres así de gordos y nuestros tabiques así de justos, siempre en el filo de cumplir todas las páginas de normativa vigente: más de dos mil seiscientas del Código Técnico, y otras miles más de ordenanzas municipales, ley y reglamento del suelo, accesibilidad y muchas más que no vale la pena enumerar. Muchas páginas. Qué digo muchas, muchísimas.
Y nos creemos que hemos afinado la distribución. ¡Ja!
Allende los mares, (bueno, no tan allende), donde me encuentro, he tenido la ocasión de visitar un barquito de unos 20 metros, y, de pronto, he caído en la cuenta de que en eso de afinar, los arquitectos navales, los que distribuyen el interior de los barcos, sí que afinan, y que los demás, los del gremio del ladrillo, somos aprendices.
Claro que no tienen Código Técnico que cumplir, ni ordenanzas municipales, ni Ley del Suelo (en todo caso del Mar, que tampoco), ni ná de ná.
Claro, así yo también. Si me olvido del aislamiento de la fachada, léase casco, de la transmisión acústica de habitación con habitación, los techos no son aptos para nuevos jóvenes españoles y que las escaleras son más bien para alpinistas, todo es más fácil.
Aunque hay que reconocer que sacan leche de un botijo, pues no hay hueco, esquina o recoveco al que no le saquen partido. Y éste sirve para poner cabos, aquél para zapatos y el otro botellas. En unos se accede por arriba, otros por abajo y algunos por el techo. Todo vale. Y qué decir de la cocina, que ya quisieran los especialistas de las viviendas sacar el partido que sacan, además de no sé cuantas habitaciones (perdón, camarotes) y sus baños. Y el salón, y…
Me pregunto cómo será el yate de ‘El Pocero’, que se supone que es mayor barco privado de este país.
Claro que alguna ventaja habríamos de tener los de tierra firme, pues todo lo que tienen los barcos de ajuste y aprovechamiento, lo tienen de caro, y si contamos el precio a la manera que se hace por los lares mesetarios, por metro cuadrado construido, la cosa cambia, vaya que si cambia.
Menos mal.

José Álvarez Guerra es arquitecto

Publicidad
pix
publi
pix

© Promociones Periodísticas Leonesas, S.A.
Moisés de León, 49-bajo 24006 León (España)

Correos de La Crónica