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EXPOSICIÓN / ‘El encanto de la espontaneidad’

La sal, el cristal y la miga de pan cobran vida propia en Carnicerías

La octogenaria Consuelo Salvadores convierte un hobbie en objeto expositivo

La artista, de 83 años, utiliza la sal o el papel en sus creaciones. M. PEÑA

Ángel Negro / León
La leonesa Consuelo Salvadores rondaba los cincuenta años cuando ella y su marido cerraron el restaurante que ocupaba su rutina desde la salida del sol hasta el crepúsculo. Fue en ese instante en el que, de improvisto y sin previo aviso, la jubilación anticipada desplegó sus alas en su residencia de Hospital de Órbigo y se asentó de forma indefinida sin mediar invitación previa por parte de la pareja. El caso se repite con frecuencia: cuando la realidad obliga al sometimiento a la tranquilidad de aquel que no la busca, por muy injustos que se antojen sus dictados, poco queda por hacer con una vida resuelta.
¿Poco? Porque Consuelo, experta en el aguante de carros y carretas, que se sentía y aún se siente joven a la edad de 83 años, decidió seguir con pies y medio cuerpo en pleno corazón del cañón y convirtió un inocente hobbie de mesa camilla creado para matar el tiempo en un vehículo de expresión sentimental, un particular medio que posibilitó su ocupación y cuyos resultados ya están expuestos en la Casa de las Carnicerías de León.
‘El encanto de la espontaneidad’, título elegido para la muestra en la sede museística y visitable en horario de 19 a 21:00h., bien podría responder al apelativo ‘La superación como norma. Porque su octogenaria autora, que “nunca, nunca, nunca” se aburre“como le ocurre al resto de mujeres de mi edad”, y que siempre hace lo que quiere y cuando quiere “cuando tengo fuerzas para ello”, eligió la superación de los obstáculos como forma de vida y comenzó, primero con barro, luego con pasta de papel y más tarde con cristal y material de pergamino, a crear con sus dedos una suerte de escenas, murales, herramientas y objetos basados en el color, la caricatura amable y el movimiento realista sin más ayuda que su imaginación. Sin modelos. Sin copias. Creaciónespontánea en una personaque se sirve de la salo la miga de pan para componer figuras de las que no extraebeneficio económico.
Es su encanto natural. Más de treinta años después de la primera creación que Consuelo imaginó en el seno de su hogar como respuesta “al tiempo libre en la larga noche del invierno”, la selección de trabajos elaborados con técnicas tradicionales o ‘papier collé’ que su autora muestraen urnas individuales o colectivas son fieles representantes de la desbordante creatividad y paciencia que su mente aún es capaz de expresar. Muñecas, flores o una decena de payasos de colores se entremezclan con escenas de bañistas zambulléndose en un estanque o jovencitas despreocupadas al calor del árbol en el que es un repaso a tres décadas de denodado esfuerzo y “cientos de figuras” en muebles y estanterías a las que echa un vistazo cada mañana.
Salvadores resume con claridadel sencillo método de trabajo que acostumbra a marcar su rutina: “Cuando hago una figura de papel con aguja o punzón suelo emplear ocho horas. No utilizo tijeras, ¿eh? Y tengo tiempo para todo: cocinar, planchar, limpiar... Los meses de invierno empiezo a las ocho de la tarde y continúo hasta que me acuesto, a la una o las dos de la madrugada. Imagínate las horas”.
Y nos las imaginamos. Sin embargo, “una mano dolorida” y lasganas de paseo a las que invita el prolongado sol estival han reducido al mínimo un hobbie del que, pase lo que pase, no se cansará nunca: “Todas las figuras que regalo vuelvo a repetirlas”. ¿Y hasta cuándo seguirá modelando el papel y la sal con ayuda de la cola? Consuelo coge aire y responde: “Hasta que Dios quiera, hijo”.

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