▲ Su prisión desde hace muchos años por parte de la dictadura militar de Birmania es una de las mayores vergüenzas mundiales, al demostrarse que ni siquiera la concesión del Premio Nobel de la Paz es capaz de sacarla de la prisión que sufre por defender la democracia en su país. Hoy, 2.000 soldados custodian su casa-cárcel.