El desmantelamiento de los servicios sociales y la privatización de los mismos (redes de agua, tanto potable como residuales, jardines de infancia, área de urbanismo, etc.) ha constituido, y constituye, la seña de identidad de las políticas llevadas a cabo en Ponferrada por los diferentes gobiernos municipales neoliberales, unas veces encabezados por Ismael Álvarez y otras por el autoritario López Riesco, ayudados, a veces, por algún cualificado ‘socialisto’, como el senador Canedo. Por ello, no debe sorprender lo que está ocurriendo con el TUP, si lo ubicamos en un proceso más amplio de desmantelamiento de los servicios públicos en los barrios y en las zonas rurales del municipio y la comarca. Pero si lo que realmente queremos es una ciudad verdaderamente social, al servicio de todos, la primera medida consiste en quitar a los servicios públicos de las normas del llamado mercado; los servicios públicos deben contribuir al dinamismo de la economía favoreciendo el crecimiento sostenible y la creación de empleo, volviendo a ser instrumentos del interés general para lograr una verdadera democratización. De este modo podrán jugar un papel esencial en garantizar la cohesión social y territorial y permitir fortalecer la solidaridad municipal y comarcal.
La historia de los servicios públicos ha sido construida a partir de la confrontación entre las necesidades de la población y las exigencias económicas para mantenerlos. Por tanto, debemos ser conscientes del carácter de los mismos, usarlos y movilizarnos para mantenerlos. Sólo bajo estas condiciones los servicios públicos serán la conciencia reflexiva de una sociedad fiel a principios auténticamente democráticos. El que los ciudadanos ponferradinos sigan denunciando airados la supresión de sus servicios públicos, impedirá que estos neoliberales que nos gobiernan confundan, como los necios que evidenciaba Don Antonio Machado, valor y precio.