UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS

El cálido lenguaje |
Impresiona y enternece ver cómo Manuel te pide una y otra vez que mires cuando él acaricia a su mujer, que hace veinte años que sufre Alzheimer, para que compruebes como ella siente su carantoña, para que te fijes en como ella también le aprieta la mano. Con ese gesto, con ese simple apretón que él siente con nitidez y tu no, Manuel alimenta su cariño hasta el día siguiente, que vuelve a verla, a sacarla de paseo, a acariciarla. Los médicos dirán lo que quieran pero Manuel sabe ‘‘que hay muchas cosas de esta enfermedad que ellos desconocen, si yo les contara aquella vez...’’. Y le vuelve a apretar la mano. Cuando paseas por un parque nunca faltan dos adolescentes enamoradizos, que acaban de estrenar su primer amor, se miran extasiados como si no se hubieran visto nunca, no se hablan y, de repente, los dos sonríen o ríen abiertamente. Es que se acaban de apretar las manos. Acaban de renovar ese amor eterno que se acaban de prometer. En cualquier lugar puedes encontrar a una madre o una abuela con su niño enfermo, con cualquier síndrome, con cualquier problema. Siempre están unidos por la mano, como los adolescentes tal vez no se hablen, pero de repente la abuela (en el caso de la foto) le mira, le atusa el pelo, le acaricia y le besa. Se aprietan la mano, hablan. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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