UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO

Menos romanos |
Las semanas culturales, no hubo pueblo que no tuviera la suya, dieron paso a las fiestas medievales y romanas, a los mercadillos y escenificaciones de nuestros tiempos de siervos de señores poderosos. Bien parece que echáramos de menos aquellas servidumbres, seguramente porque las padecieron otros. Nos travestimos con espadas y escudos, con pecheras de hojalata y paseamos los trajes con orgullo por la plaza para regocijo de lugareños y visitantes, de vecinos y gentes llegadas a la llamada del turismo rural. Si la historia sigue su curso por los mismos derroteros cabría pensar que dentro de unos siglos los pueblos se volcarán en realizar fiestas en las que contratarán empresas de gestión cultural que llenen el pueblo de gentes como las que Ramón Carnicer fotografió en su viaje por nuestra Cabrera en los años 60 del pasado siglo. Los pañuelos blancos y negros en las cabezas, los echarpes todotiempo contra el frío y el calor, las camisas y faldas de cuadros que vendían por los pueblos los ambulantes que llegaban con una furgoneta cargada de prendas y que vestían casi de uniforme a comarcas enteras. La aguja y el dedal, el cosido y el recosido, hacían eternas estas prendas de temporada. En tiempos de Corte Inglés y diseño estas vestimentas serían tan exóticas como los trajes de romano. Lo que falta por saber es si la pobreza vende tanto como la servidumbre. |
![]() Fulgencio Fernández |
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