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PARA VIAJAR Y CONOCER

Bodegas de siglos

Aranda de Duero pone en valor su subsuelo dedicado al vino de la Ribera

La llamada bodega de las Ánimas, hoy convertida en museo, también da a conocer una serie de oficios y tareas que se perdieron con la creación de las bodegas en las afueras del municipio y con el uso de nuevas y modernas tecnologías. ICAL

Ical / León
Afinales del siglo XV y principios del siglo XVI, existió una gran demanda de vino en lo que hoy se conoce como la Ribera del Duero. Fue el momento clave que provocó que en Aranda de Duero (Burgos) se haya reconocido la existencia de hasta casi 300 bodegas subterráneas en su casco histórico, de las que hoy sólo quedan unas 130 debido a las posteriores construcciones de viviendas. En total, cerca de 7 kilómetros de recorrido bajo tierra que hacen que la villa pueda considerarse el corazón de la Ribera.
Junto a estos lugares en los que son ya pocos los bodegueros que conservan el vino, nació la idea de crear un Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino (Ciavin), que desde su puesta en marcha a principios de siglo, lucha por promocionarse de la mano del Ayuntamiento de Aranda de Duero.
Así, aunque los lugareños son conscientes del patrimonio histórico que esconden debajo de sus casas, desde la Oficina de Turismo, apuestan por la creación de una ruta turística que permita a los visitantes realizar un recorrido por las instalaciones de este centro, único de estas características en Castilla y León, y por las bodegas subterráneas más singulares de la capital arandina.
Las instalaciones, construidas en base a la muralla que rodeaba Aranda en el siglo IV, ofrecen la turista una serie de reconstrucciones y de maquetas elaboradas por el arandino Rubén Arrabal. De este modo, tal y como explica, Maricarmen Núñez, responsable de la oficina de Turismo, se muestran al visitante “todas las construcciones relacionadas con el cultivo del viñedo y la elaboración de vino”, como la caseta del guardaviñas, donde el encargado de vigilar las viñas se podía proteger de las inclemencias del tiempo. “Una construcción realizada con piedra y arcilla y con un techo elaborado con palos de sarmiento”, señala. Sin embargo, estas casetas no son las únicas construcciones que tienen su hueco en Ciavin. Así, lagares-espacios donde se pisaba la uva- y zarceras-chimeneas de aireación- dan paso a la maqueta fundamental del centro, una bodega subterránea. Unas obras arquitectónicas que en algunas ocasiones datan de los siglos XII o XIII.
De esta manera, y en función de las dimensiones de la propia bodega, podían llegar a ser tres generaciones de dos o tres familias las que “dejarán la piel” en la construcción de la misma.

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