Toros de Valdellán, la única ganadería leonesa, debutan el martes en La Granja. Han tenido que pasar dos siglos
Los toros de la ganadería leonesa pasan sus últimas horas en la finca de Santa María de Cea.
Perelétegui / León
Después de largos años de esfuerzo, de trabajar a conciencia para que salga adelante el proyecto de recuperar, a dos siglos de distancia, la historia ganadera de reses bravas en León, Fernando Álvarez Sobrado apenas logra disimular su impaciencia ante la próxima fecha del 25 de agosto. Entonces será cuando el ganadero de Valdellán verá hecho realidad el sueño de que por primera vez seis de sus reses se lidien en una corrida de toros. Será en la plaza segoviana de La Granja de San Ildefonso, el próximo martes, cuando podrá conocer si el juego de los cuatreños nacidos en su finca ganadera de tierras del Cea satisface las expectativas que se ha marcado como titular de la vacada.
Los seis toros, de magnífica estampa, con seriedad, trapío y muy en tipo de embestir, esperan a una terna de valientes: el torero nacido en nuestra capital Javier Castaño, el toledano José María Lázaro, conocido de la afición leonesa en cuanto triunfó como novillero en Sahagún, y una nueva promesa de la historia taurina segoviana, Alberto Román. Tres matadores de toros que necesitan triunfar para abrir nuevos caminos a su temporada, por lo que saldrán dispuestos a cortar las orejas a los santacoloma de Valdellán. Y allí estará también la Peña Taurina Leonesa, con más de medio centenar de socios y simpatizantes, que se desplazarán en autocares a La Granja para aportar color leonés al acontecimiento y llevar al ánimo del ganadero sus más firmes deseos de éxito en tarde de tanto compromiso.
Ha valido la pena
Fernando Álvarez Sobrado, anfitrión generoso y hospitalario para cuantos leoneses han venido siendo invitados en estos últimos años a su finca de Santa María del Río —a medio camino entre Cea y Almanza, antiguo asentamiento de monjes benedictinos y en la actualidad finca ganadera dotada de amplias y modernas instalaciones para la cría de reses bravas— es el primero en creer que ha valido la pena llegar hasta aquí. Sin proponérselo, es heredero de nombres históricos de la tauromaquia leonesa, como aquél Juan Díaz de Castro que en el siglo XVIII fue un ganadero importante, cuyos toros, procedentes de su finca de Pajares de los Oteros, próxima a Valencia de Don Juan, se corrieron en las ferias de todo el país. Y, según cuenta Manuel C. Cachafeiro, tan alta llegó a ser su fama que 20 de sus toros fueron seleccionados para las fiestas reales de la coronación de Carlos IV en el mes de septiembre de 1789, fama que se acrecentó cuando diestros de la categoría de Costillares y Pepe-Hillo se negaron a enfrentarse con ellos, cosa que sí hizo, por el contrario, el gran Pedro Romero.
Y ganadero de bravo fue también, en pleno siglo XX, el igualmente leonés Baltasar Ibán, prestigioso industrial afincado en Madrid, cuyas reses siguen lidiándose en la actualidad a nombre de sus herederos.
JUSTO PREMIO
Ahora llega su turno. Y se alcanza el objetivo que se marcó cuando fue convirtiendo la finca de Valdellán en ambiciosa explotación ganadera, a lo largo y ancho de las quinientas hectáreas en que se crían, se seleccionan y finalmente se disponen para su lidia las reses de esta divisa. Con el ganadero, su eficaz colaborador y representante Jesús Martínez Pinilla, el equipo veterinario, los asesores en materia taurina, el mayoral, los vaqueros y las gentes que guardan la vacada, en la tarde del próximo martes, unos allí, en tierras segovianas, y otros siguiendo la noticia a distancia, sentirán con quienes hemos sido testigos desde un principio de la larga y costosa labor llevada a cabo por Fernando Álvarez Sobrado, la emoción de saber que seis toros nacidos en tierras leonesas figuran en un cartel que supone, a la vez que el anuncio de un acontecimiento, el certificado de todo un proceso que está revestido de la gran ilusión que han puesto a contribución cuantos lo han hecho posible. La procedencia santacolomeña, con todo su carácter de bravura y temperamento, peculiares de un encaste de largo recorrido y definida personalidad, tendrá singular protagonismo en un reto que servirá para fijar el camino que habrá que andar en el futuro.
Aunque de cualquier forma, sea cual sea el resultado, la presencia de los toros de Valdellán en esta corrida de la Granja será el justo premio a un trabajo bien hecho. Y eso ya no hay quien lo cambie.
NUEVO CAPÍTULO
En esta historia de toros bravos, nacidos y criados en la provincia de León o protagonizada por leoneses dedicados a este menester, se abre un nuevo capítulo pasado mañana en la placita portátil-fija de La Granja. Uno a uno irán saltando al ruedo los toros de Valdellán. Y allí mismo, en el tendido —no le gusta ver la lidia desde el callejón—, Fernando Álvarez Sobrado, máximo responsable de este acontecimiento, irá comprobando en qué medida su comportamiento responde a cuantas ilusiones se ha forjado. Y recordará los comienzos de esta aventura ganadera, cuando en 2003 comenzaron a llegar a su finca, desde la vacada salmantina de Hoyo de la Gitana, ochenta vacas y dos sementales (Grajillo, que no acaba de ligar satisfactoriamente, y Guantero, que sigue padreando), base de la ganadería actual, formada tras una rigurosa labor de selección por ciento veinte vacas de vientre y cerca de ochenta animales más, entre añojos, erales, utreros, cuatreños y un total de seis sementales. Es hora ya de que los toros que se lidien el martes en La Granja, dos de ellos hijos de Grajillo, otros dos de Guantero y los dos restantes de Dinamitero, sean los que fijen a corto plazo el futuro de la flamante divisa de Valdellán, que en este debú alcanza su plena mayoría de edad. Y es hora también de que a Fernando Álvarez Sobrado la afición de nuestra tierra le desee toda la suerte del mundo en su proyecto de convertir a León en un nuevo referente del planeta de los toros.