A. Negro / León
Las reglas básicas de comunicación que un niño domina a la edad en que comienza a ir al colegio casi siempre son desconocidas para el inmigrante, joven o adulto, que ha crecido alejado de nuestra cultura.
Mario de la Fuente, profesor del curso de español, explica la filosofía perseguida con los nueve meses de clases en la sede leonesa de la Fundación Sierra Pambley: “Las clases están dirigidas a personas con poco nivel idiomático. Y no sólo es complicado enseñarles por la obligación de dirigirse a ellos en presente de indicativo y con pocas preposiciones, sino que debes hacer un repaso de todos los detalles para conseguir su integración plena y real en la sociedad”.
En todo caso, los problemas lingüísticos relacionados con la presencia de extranjeros en los pueblos y ciudades de nuestro país no parecen ser del grado suficiente como para motivar a los responsables políticos a proporcionar ayudas suficientes que suavicen el particular golpe. En este sentido, la nula preparación de los centros de enseñanza para recibir extranjeros en plena época de la globalización, el espacio Schengen y el libre movimiento de personas fue el tema central de unas jornadas profesionales organizadas por la Fundación en noviembre del pasado año, en las que también se proporcionó a los profesores de español asistentes de los recursos necesarios para adaptar su formación a la realidad. “A finales de octubre repetiremos la experiencia”, señala De la Fuente, “y este año contaremos con profesores rusos o árabes para explicar las similitudes estructurales entre su lengua y la nuestra, el español”.
Mario es tajante: “En nuestro país hay suficientes docentes para que los extranjeros aprendan nuestro idioma pero no se destinan los medios necesarios. ¿Por qué exigimos a los inmigrantes que aprendan el español cuando apenas hay clases a su disposición?”. Una pregunta peliaguda en cuya solución quizá contribuya este curso idiomático que el próximo mes inicia su andadura en León.