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DEPRESIONES / Germán Valcárcel

Crisis oportuna

Las sociedades occidentales llevan ya más de tres décadas sin pensar, es decir, llevan tres décadas sin producir conceptos, sin establecer nexos que permitan explicar el estado de cosas realmente existente, ni mucho menos cuestionarlo.
Desde la caída del Muro de Berlín y del derrocamiento del mal llamado ‘socialismo real’ se ha pretendido extraer la siguiente conclusión: el modelo político ideal, definitivo y más beneficioso para el ser humano es la democracia representativa basada en la economía neoliberal del mercado único, de la verdad única y del pensamiento único. Incurriríamos en un grave error si no supiésemos ver lo totalitario de esta afirmación.
El colapso financiero que se nos ha venido encima no parece, sin embargo, haber despertado a los políticos y a sus voceros mediáticos de su sueño dogmático, ese que contempla con suficiencia toda la historia de la humanidad y que, sustentado en su tecnología y su absolutismo moral –cual Santa Inquisición del integrismo neoliberal–, han conseguido que cualquier atisbo de pensamiento alternativo o simplemente crítico haya quedado reducido a la marginalidad.
Se habla, últimamente, de reformar el capitalismo, de hacerlo más humano ¿de verdad queremos eso? El capitalismo es un sistema que en tres cuartas partes del planeta es incapaz de distinguir a un niño trabajando de una máquina. Por ello no resulta extraño que para algunos, como los representantes de la gran patronal española, vean la salida a la actual crisis económica como la oportunidad de convertirnos en insectos cargados como mulas. En el fondo uno sospecha que lo que tratan de decirnos es que la reforma del nuevo capitalismo del siglo XXI lo convertirá en algo peor e incluso menos humano que el del siglo XX. Y además, esos caballeros conocen perfectamente todas las mediocridades por las que usted y yo ayudaremos a que cuatro millones de parados se conviertan en semiesclavos.

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