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CHUPITO DE ORUJO / Daniel Álvarez

El que quiera leche que ordeñe

Lo bueno que tiene viajar es que conoces gente y que la gente te cuenta sus cosas y que te enteras (un poco) de cómo funciona el sistema métrico decimal en el que estamos metidos. Así, si vas, por ejemplo a Babia (tampoco hace falta coger el avión), te das cuenta de que en los pueblos se sigue vendiendo leche (de vaca) a particulares. Eso, a estas alturas, fijo que es ilegal, pero seguro que no lo es por la razón que realmente debiera serlo. Seguro que lo es por una ridícula normativa sanitaria que pretende velar por nuestra integridad física pero que a la postre lo único que consigue es que tomemos cualquier cosa menos leche (de vaca).
Debiera ser delito por el precio que tiene: ¡40 céntimos el litro! No se me ocurre nada que sea tan barato. Cualquier corto de caña en cualquier bendito bar (que diría Pajares, el de Deicidas) cuesta más del doble. Si además te enteras de que la industria paga por debajo de ese precio a los ganaderos y que les chulea todo lo que quiere y que cuando le da la gana se niega recogerles la producción alegando que no les renta el viaje, es entonces cuando te das cuenta de que no hace falta coger un avión, que basta con ir a Babia o a la Sobarriba o a la Cepeda para confirmar que esto no va bien, que aquí hay algo que falla, que esto es una mierda.
De cada litro de leche (de vaca) comprada ilegalmente a un ganadero de Babia por 40 míseros céntimos sale una taza de nata como la de antes y aún te queda el litro intacto para que lo tomes. De cada litro de leche (de vaca) comprado legalmente por la industria a un ganadero de Babia a 30 míseros céntimos le sacan la nata, la mantequilla, el yogur y el queso, que luego te cobran en el súper multiplicado por diez. Por si aún no se te queda cara de tonto, además, te acaban vendiendo la leche a la que después de quitarle todo le echan calcio, omega 3 e isoflavonas. Ésta, eso sí, a euro el litro.
Ayer aportaba este periódico un dato sobre la nula renovación generacional que se está produciendo en el campo leonés. Por cada cuatro jubilados sólo se incorpora un joven agricultor o ganadero. Visto lo visto, aún me parece mucho. El futuro está claro: el que quiera leche (de vaca) que la ordeñe.

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