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FÚTBOL / Segunda División B (Racing de Ferrol, 1 - Ponferradina, 2)

El gol como una de las bellas artes

La Ponferradina se impone con solvencia al Racing de Ferrol con un doblete de Rubén Vega

Los jugadores de la Ponferradina celebran con Rubén Vega el gol que dio la victoria en el estreno liguero. PHOTODEPORTE

Javier Santiago / Ferrol
De vez en cuando, el fútbol, el verdadero fútbol, el que se escribe con jugadas hermosas, con emociones encendidas y con adjetivos vibrantes, impone toda su poesía para dejar en un segundo plano los resultados y las estadísticas. La magia puede brotar alrededor del balón en cualquier territorio. No es exclusiva de las praderas millonarias de Primera División.
Puede aparecer, por ejemplo, en el primer encuentro de Liga de Segunda División B, abrillantando un partido serio e interesante con un instante sublime. Los que ayer estuvieron en Ferrol son testigos de ello. Podrán dar fe en su casa, en el bar o en el trabajo de que la Ponferradina jugó un partido más que solvente, de que ganó con suficiencia al Racing de Ferrol en su debut, de que presenta unos síntomas muy esperanzadores para lo que queda por venir. Pero, sobre todo, podrán hablar del momento en que Víctor Salas y Rubén Vega se pusieron trascendentes e interpretaron el gol como una de las bellas artes.
La pelota puede llegar a la red por vías industriales y sudorosas, pero también por caminos que rozan lo metafísico. Para ello hacen falta futbolistas que llevan filosofía y poesía en los pies e inspiración en la cabeza. Futbolistas como Víctor Salas, capaz de surgir en las inmediaciones del círculo central, un territorio aparentemente intrascendente, y desde ahí fabricar un pase hacia el área sublime, de una belleza fría y letal. Futbolistas como Rubén Vega, experto en mantener la mente fría y lúcida en el infierno del área y sutil para trazar una vaselina lentísima, con el balón flotando con elegancia asesina sobre el portero hipnotizado para colarse lentamente en la portería, prolongando cada décima de segundo con tanta crueldad como belleza.
El gol es una de las bellas artes. Ayer quedó demostrado una vez más. Y fue en un partido donde, si el fútbol pudiera librarse del peso de las estadísticas y las clasificaciones, bastaría con hablar de esa jugada hasta que se agoten las palabras.
Pero, por desgracia o por suerte, ayer arrancó la competición y la Ponferradina sólo vive para luchar por el ascenso. Así que habrá que seguir la corriente y decir que el gol fue magnífico, pero que, más allá de ese instante luminoso, el partido demostró que los blanquiazules están muy fuertes.
El equipo compareció en La Malata con síntomas de aturdimiento y padeció un arranque dubitativo y peligroso. El Racing de Ferrol aprovechó la coyuntura para adelantarse con un atinado disparo de Carlier desde la frontal. Pero después destruyó lo adelantado con un tremendo despiste a la hora de defender un centro de Berodia desde la izquierda que Rubén Vega cabeceó con facilidad a la red.
Desde entonces, los blanquiazules se adueñaron del partido e hicieron de él lo que quisieron. La ausencia del lesionado De Paula ha dejado al equipo sin su referencia totémica en ataque, pero, a cambio, ha desvelado las posibilidades que ofrecen la movilidad y los continuos intercambios de posición de Yuri, Berodia y Rubén Vega, alimentados por el incisivo Víctor Salas y sostenidos por una tremenda seriedad defensiva.
Ya en la segunda parte, el gol más hermoso fue también el más práctico. El doblete del eterno Rubén aseguró una victoria que jamás peligró de ahí al final y que refuerza los galones de un equipo que, hoy por hoy, permite soñar con todo.

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