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A MI AIRE / José Eulogio Hernández

Lo políticamente correcto

Malos tiempos para la crítica. Sólo el fútbol sigue siendo el recurso que nos queda para opinar sin cortapisas de todos y de todo, sin márgenes para la censura o el recelo. Le puedes discutir a Pellegrini si se equivoca con Robben o si se plega con el raulismo. Le puedes tachar de despilfarrador a Florentino –lo hacen desde arzobispos a gentes agobiadas por el desempleo– e incluso como hace Valdano, derivando a realidades políticas, plantear que “el Barça es el equipo de Cataluña, mientras el Madrid lo es del mundo”, nada menos.
En la escena política se observa una autocensura alimentada por cuatro que vigilan para que se mantengan las formas y se siga el guión establecido. Lo políticamente correcto. Subir los impuestos se entiende cuando quien lo hace es el partido socialista. Si lo hiciera el PP sería el tradicional recurso de los fachas.
Así triunfa lo conveniente. Por ejemplo, no conviene desgastarse con determinados colectivos que están en la mente de todos. No conviene atacar al que despacha presupuestos, ni al que tiene la manija para decidir en determinados asuntos. Los partidos políticos y sus aparatos, deciden lo que conviene. Hablan sus jefes y como mucho los portavoces. Los otros, quedan para asentir y hacerse los ausentes.
En esta ciudad, cambiaron mucho las cosas en los últimos años. Ya no se da cuerda a diputados, ni a concejales, ni a militantes más o menos críticos. De ahí que no exista frescura en la tarea política: temerosos o amenazados por expedientes internos, mediocres y apenas comprometidos, aplauden con las orejas y esconden la crítica en los corrillos.
Es momento de recordar a socialistas como Turiel o Daniel García. Vecín, Conde, Germán o Murias, de la izquierda comprometida. Populares como Prada, Fátima o Morano. Leonesistas como De Francisco, Otero, Herrero o Conchi Farto. Sindicalistas como Anatolio o Maurín. Empresarios como Tejera. Sanitarios como Villarig. Líderes agrarios como G. Machado... El día que desaparezca Matías en la Diputación, Domingo en los círculos empresariales, Pardo en los reductos leonesistas y poco más que nos han dejado, cerramos el kiosco.

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