León no es una ciudad con graves problemas, pero sí algunas grandes urbes españolas. Las palomas encabezan las nueva generación de aves-plagas.
En la ciudad. zona donde un grupo de personas alimenta a gatos y animales abandonados cerca de Feve.
L.C. / León
León no es una ciudad con graves problemas por la presencia de animales como palomas y estorninos o perros y gatos abandonados. Así lo aseguran fuentes municipales. Sin embargo, de vez en cuando surgen problemas de ‘vecindad’ entre quienes alimentan a estos animales y los vecinos que sufren su presencia sin los suficientes controles sanitarios.
Desde hace un tiempo, los vecinos del casco antiguo y la zona de San Mamés y Álvaro López Núñez ven como hay un grupo de personas que alimentan a un buen número de gatos vagabundos y palomas. Todos los días, a primera hora, esparcen comida y agua en la zona del puente de Feve, entre las críticas vecinales, que no han hecho efecto alguno. Los vecinos no están en contra de la presencia de algún ejemplar, pero piden que no se incentive su masificación, como está ocurriendo ya.
Las palomas, tradicionalmente consideradas como símbolo de paz, libertad y armonía, son llamadas por los expertos las “ratas del aire”, ya que son las que más ensucian las ciudades, a pesar de lo cual miles de personas siguen alimentándolas. Madrid, Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Valencia, Sevilla y Murcia son las provincias más afectadas por plagas de palomas domésticas, aunque desde hace tiempo ya se están extendiendo hacia el resto de España. En León, según fuentes municipales, no existe un grave riesgo. La población de palomas es muy pequeña en comparación a los ejemplares existentes hace diez años, por ejemplo.
Hasta tal punto es la situación en algunos ayuntamientos queBarcelona acaba de poner en marcha una campaña de control de palomas para evitar que defequen en la fachada de la catedral. Un sistema de descargas eléctricas que no hacen daño a las palomas, sino que las asusta, según el canónigo conservador del Arzobispado de Barcelona, Josep Maria Martí Bonet, rodea el centenar de esculturas que decora la fachada de la catedral.
El director técnico de la Asociación Madrileña de Empresas de Desinfección (AMED), Ricardo Rodríguez, ha explicado también a Efe que una paloma puede llegar a producir 12 kilos de excrementos al año. La elevada proporción de ácido úrico que contienen se transforma en alatonina, un agente muy corrosivo para las piedras de monumentos y construcciones, “sobre todo las de carácter básico como la caliza”.
Además de los importantes costes económicos, estas aves son portadoras de graves enfermedades como la ornitosis-psitacosis, (causada por la bacteria Clamidia psitaci), la salmonelosis (por la ingestión de alimentos contaminados por heces de paloma), la fiebre del Nilo Occidental (provocada por virus), la histoplasmosis o la criptococosis (contagiadas por hongos), ha señalado Rodríguez. Al mismo tiempo, ha distinguido otro tipo de enfermedades no infecciosas, como las alergias causadas por los ácaros o ectoparásitos que se alojan en las plumas de las palomas.