Uno sabe por experiencia que hay materias que resultan ser interesantes y otras que no arrastran la atención. Lo cual no quiere decir que estas últimas sean menos importantes. Es más, con el afán de sensacionalismos que nos invade, casi habría que decir que lo que realmente debe importar acaba por resultar intrascendente. Y, por desgracia, lo contrario. Lo digo porque estoy seguro de que si les cuento a ustedes los entresijos morbosos de los problemas de Grajal de Campos o de Rabanal del Camino, de Laguna de Negrillos o de Moscas del Páramo, me van a leer letra por letra. Pero si les presento los planes pastorales de nuestras diócesis de Astorga y León para este curso, la curiosidad va a bajar muchos enteros. Servidor, aun conociendo lo dicho, va a ir contra corriente, empujado por dar a lo importante su sitio. O sea, que les voy a ofrecer unos datos sobre lo que todos los cristianos de por aquí debemos conocer, para poner en práctica a lo largo de este curso, a partir de los instrumentos que, tras oportuno discernimiento, se ponen a nuestro alcance en forma de planes o programas pastorales. Astorga buscará “despertar, fortalecer y transmitir la fe”; para ello pondrá acentos especiales en avivar la vida cristiana con la cercanía de la escucha de la palabra, la oración, la eucaristía (especialmente la dominical) y otros momentos celebrativos; también se preocupará por cuidar la formación y la presencia de testigos de la fe en el seno de las familias y en las instituciones educativas; un tema recurrente, por lo deficitario, es el de la pastoral juvenil y vocacional; y otro asunto ineludible es el de insuflar en todo el quehacer creyente las dimensiones misionera, caritativa y de compromiso socio-político. En León estrenamos un plan quinquenal, enmarcado en la necesidad de acoger la Palabra de Dios para que ilumine y conduzca nuestros caminos; en este curso deberemos pretender conocer mejor la Biblia, cuidar la Liturgia de la Palabra en la celebraciones, hacer de la Palabra de Dios el centro de nuestra oración personal y comunitaria, y fomentar la lectura creyente de la Sagrada Escritura. Además ambas diócesis no olvidarán que estamos en un año sacerdotal y que este tiempo jubilar debe suponer un especial tirón para la vida y la misión de nuestros ‘curas’. Que si ellos andan a peces, qué no harán los feligreses.
Antonio Trobajo Díaz es vicario episcopal de Relaciones Públicas de la Diócesis de León