UPL quiere volver a resucitar. Ya lo ha hecho más veces, por lo que puede que sí, puede que no, también sea posible esta vez. Melchor Moreno fue un buen alcalde de Torre del Bierzo, pero como dirigente del partido ha dado más la sensación de figura decorativa, como si nadie le hiciera caso. Por un lado la marcha de Joaquín Otero y Luis Herrero Rubinat y, por otro, la gestión en el Ayuntamiento de León han dejado a los leonesistas sin discurso reivindicativo. Perdieron la voz en Valladolid y no la ganaron en León. Javier Chamorro es vicealcalde, socorrido para dar la cara en Jardines y para poco más. Haber caído en brazos de la oposición pepera no le hubiera tampoco servido para nada, también es verdad, ni tampoco es fácil llevarse los galones ante un PSOE que empieza a resurgir de sus cenizas a golpe de obras por toda la ciudad.
En ese escenario, la UPL se mueve entre el bienqueda de Chamorro, el Guadiana de Gema Cabezas, que aparece y desaparece, y el discurso excesivamente radical de Abel Pardo, que tiene tablas de político, pero demasiadas ideas de Sabino Arana que no pegan para nada en León. En ese cóctel, UPL busca ahora reencontrase a sí misma. Lázaro García Bayón parece estar llamado a resucitar el muerto en una ceremonia donde puede que no falte ni el mismísimo José María Rodríguez de Francisco.
Puede que unos y otros logren que en las próximas municipales, con menos votos que nunca, la UPL vuelva a tener más poder que nunca. El PSOE, sin el viento a favor nacional de Zapatero, no llegará a la mayoría absoluta y el PP, en medio del barullo, se podrá dar con un canto en los dientes si logra retener a su electorado. ¿Quién gobernará? A dos años de las elecciones municipales, las quinielas no aguantan más que un domingo.
En la provincia, pese a los intentos, la UPL sigue a la deriva, sin una política leonesista, sin una coordinación de programas y actuaciones. No ha creado, y lo que parece peor, parece que no le interesa crear una verdadera organización provincial.
A día de hoy, el panorama es desalentador para quienes un día creyeron en una comunidad uniprovincial. Casi es mejor estar como estamos.