UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO

La fiesta |
A comienzos del verano fue noticia ‘curiosa’ una primera misa en Mansilla. El cantamisano fue paseado por el pueblo a lomos de burro local entre pendones y arcos de flores, entre bromas sobre si era demasiado guapo para cura y verdades de quien tomaba una opción diferente en los tiempos que corren. Y, sin embargo, hace unas décadas era una estampa habitual en nuestros pueblos cuando acababa el curso en el Seminario. Una fiesta más en muchos pueblos que levantaban el mayo, volteaban las campanas, corrían la rosca, luchaban los mozos, paseaban en carroza al seminarista, componían coplas para la fecha, acudían a la primera misa y lloraban en el sermón (en la foto uno celebrado en Tolibia). Eran los frutos cosechados por aquellos curas y frailes que recorrían las viejas escuelas rurales ‘captando’ a los más espabilados para su cantera. El maestro avisaba de quien apuntaba maneras, muchas familias encontraban en esta salida una oportunidad para que estudiara el chaval. Filas de seminaristas vestidos con sotana desde niños paseaban los domingos hasta la Copona, unos años después decenas de ellos cantaban misa en medio de una gran fiesta. El Seminario ‘menor’ está cerrado, el mayor produce un cura al año; es decir, una fiesta en toda la provincia. |
![]() Fulgencio Fernández |
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