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LOS IMPRESCINDIBLES

“Me gustaría reivindicar cosas contínuamente”

Jesús Gorgojo Ribado. SECUNDINO PÉREZ

S. Pérez / León
Un joven estudiante de la Universidad necesitaba encuadernarsu tesis doctoral parapresentarla y la llevó a una persona con un taller en un bajo de la calleLa Palomera. Después, este joven se casó y llegó con las fotos de su boda a ver al mismo encuadernador. Un tiempo después, el mismo cliente, llegaba con los retratosde su primer hijo para elaborar un álbum y fue Manuel Jesús Gorgojo Ribado el que una vez más se encargó. Hasta llegar a su oficio de encuadernador, Gorgojo atravesó por otros empleos y oficios hasta asentarse en León. Había estudiado joyería artística en Salamanca donde según dice “fue una época muy buena de mi vida donde llevaba una vida de estudiante preciosa”. Destacaba en los estudios y junto con otros compañeros, los mejores,se fueron a una fábrica de La Coruña a trabajar. “Nos explotaban, nos daban 500 pesetas a la semana el primer año y 1.000 el segundo y a partir de ahí nos contrataban. Dos años más estuve, trabajando a base de martillo, de embutir, de soldar, de cortar. Nos daban los rieles de oro y todo a mano”. Un empleo que califica de bonito aunque aclara que “más bien sería bonito para el que lo hace como hobby pero allí había mucha presión y mucha gente con problemas psicológicos por las horas”. Aquella empresa que prometía quebró, los jóvenes los echaron al paro, yGorgojo volvió a su pueblo, Laguna de Negrillos.
Volvió a reencontrarse con los amigos, aquellos con los que había jugado a la pelota vasca “donde lo hacía a dos manos para compensar que no corría como los otros.Estaba siempre jugando hasta que salía mi madre con la zapatilla”, recuerda Jesús con añoranza. Con sus amigos hizo algunos trabajos hasta que su hermano le habló de un trabajo. Pasó la noche en León, en casa de de la que hoy es su mujer, para ser el primero en llegar a la oferta de empleo y consiguió el trabajo en un taller de encuadernación. “La dueña acababa de aprender el oficio y en dos meses me dejó al frente, de ahí en adelante fui autodidacta”. Lleva más de 20 años con todo tipo de trabajos,desde libros de firmas para el museo de Sabero, hasta cajas para lasinvitaciones de los Príncipes de Asturias en la inauguración del Musac, “quiero suponer”, matiza Jesús porque la discreción es su máxima. Recibe todo tipo de legajos, así sean de la iglesia, de los juzgados o el mismo catastro de Marqués de la Ensenada. Y en todos ellos aplica su máxima de prudenciapor la tinta, opor la descomposición del papel o por su contenido. “A veces tengo que ponerme mascarilla para mover los pliegos de papel, te encuentras de todo, moscas, arañas,….Pero cuando acabas un trabajo más delicado, te gusta. “.
El poco tiempo que le queda lo dedica a buscar objetos antiguos y guarda radios, cámaras fotográficas hasta 1950, relojes, candiles, para luego repararlos en los días de fiesta, que son pocos, se queja. Los jueves, entre cosido y cosido, llama a un programa de radio donde interviene un concejal, yreivindica una farola, un paso de peatones, un banco donde sentarse o la mejora del rebajede una acera para que una silla de ruedas pueda subir sin problemas, o más presencia policial.“Hasta que llegué a Salamanca no me había sentido discapacitado, porque gasté ocho bicicletas en el pueblo, la pierna afectada por la polio la echaba hacia atrás y pedaleaba con la otra. Pero en Salamanca conviví con discapacitados y tenía que ayudar, porque yo me defendía mejor. Nunca me había visto así, entonces me empecé a sensibilizar y en cuanto veía una alcantarilla sin rejilla durante seis meses, pensaba, ¿es posible que la gente lo vea y no haga nada?, me gustaría reivindicar cosas continuamente”. Y continúa enumerando cosas. Le cuesta mucho despedirse, decir adiós tal vez porque él ata, cose, junta voluntades y afectos y quiere que todo quede bien para siempre aunque la informática y los e-books le vayan arrinconando.

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