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BOLO LEONÉS / Campeonato de España

‘Pole’, vuelta rápida, carrera y Mundial para Alonso

Fernando Alonso logra su séptimo título con una gran superioridad

Fernando Alonso en una de las tiradas que le dio el título de campeón de España. MAURICIO PEÑA

César F. Buitrón / León
Se llama Fernando Alonso, como el de los coches, pero juega a los bolos. Los dos son campeones y son los mejores en lo suyo. Es el único parecido entre ambos. A Fernando Alonso, el de las cuatro ruedas, le llueven los contratos de publicidad, tiene que salir escoltado por la calle, cuando pierde siempre encuentra un culpable para cargarle el muerto y la gente se divide entre el 20% que lo ama apasionadamente y el 80% que lo tachan de engreído y estirado. A Fernando Alonso, el de los bolos, un día de premios altos se lleva para casa 100 euros, puede ir por la calle tranquilamente salvo cuando va a Grandoso, que allí sí es una celebridad, y si un día le salen mal las cosas encoge los hombros y asume que una mala tarde la tiene cualquiera. Eso sí, en su caso hay un 99% de personas que hablan bien de él y un 1% que le tiene envidia. Que es una suerte.
Ayer, Fernando Alonso, el de los bolos, volvió a ser el mejor. Campeón de España. Por séptima vez. Un hito para la historia. Lejos, muy lejos, ya de otro de los nombres propios de este deporte, Toño Ordás, que presume de cinco entorchados y de ser el primero que ganó la Copa en propiedad.
Fernando Alonso, el de los bolos, cada vez está más lejos de todos. Ayer dio una soberana lección de saber jugar. La ronda de calentamiento marcó lo que iba a ser la mañana. Cuatro ‘onces’. Perfecto. Sin darse importancia ya tenía la ‘pole’ para su carrera hacia el podio. No iba a bajar el ritmo. En sus 12 primeras bolas, nueve ‘ahorcados’ sin fallo. Vuelta rápida para el de Grandoso.
Los demás ya le veían la matrícula en el horizonte. Cada vez más lejos. Miguel Ángel González, defensor del título, su mejor amigo y gran rival con el que había sido campeón por parejas en la víspera estaba ya fuera de juego víctima de un mal comienzo del Nacional.
Otro que podría haberle plantado cara, Mario Serrano, también estaba fuera antes de empezar la mañana. El de Villafruela, otro de esos tipos que si encuentras a alguien que hable mal de él en una bolera es porque es bobo, tuvo que entrar en el taller hace un par de semanas. Como los monoplazas del otro Fernando Alonso. Cosa de chapa y pintura. No pudo jugar ayer y también se puede perder el Máster del mes próximo, pero sí pudo ver cómo se coronaba Fernando Alonso y advertirle al campeón que el año próximo no lo iba a tener tan fácil. Y si Mario lo dice habrá que creerlo.
Con los dos ‘bólidos’ más rápidos de la parrilla fuera de carrera el ‘gran premio’ estaba ganado. Sólo Patricio del Blanco, Quiñones y Cosgaya le seguían, pero a gran distancia. Quiñones ganó la pelea por el bronce a Cosgaya y para Patricio fue el honor de jugar la final contra un rival que no daba opción a nadie. Los 397 bolos de Del Blanco tienen un enorme mérito, pero parecen apenas nada comparado con los 492 que sumó Fernando Alonso para cruzar la meta como ganador de la carrera y campeón del mundo porque, mientras no se demuestre lo contrario, en este deporte el campeón de España también lo es de la galaxia entera. Campeón interplanetario, que diría Leire Pajín para mayor abundamiento.
Con la humildad habitual, Fernando Alonso, el de los bolos, salió a recoger su premio en el podio. En eso también se diferencian los bolos de la Fórmula 1. El encargado de coronar al campeón era el diputado de Deportes, López Benito. No es mal anfitrión, pero comparado con la ‘maciza’ que trae el champán en las carreras, no hay color. “Ha sido más sencillo de lo que esperaba. En mi peor tirada hice dos ‘rayas’ y arranqué con tres tiradas seguidas de tres ‘onces’. Es mi séptimo título nacional, pero sigo teniendo la misma ilusión que cuando conseguí el primero”, sentenciaba al final del campeonato Alonso, el de los bolos, mientras bromeaba con Andrés González, el campeón de segunda categoría, otro de esos personajes entrañables de los bolos. “El año que viene ya vuelvo yo, así que no lo vas a tener tan fácil”, le espetaba el de Nocedo entre las risas de quienes seguían en la bolera cubierta. Y es que Andrés acababa de ‘ascender a ‘1ª’ después de llevarse el título del pillo. Llegaba segundo a la final con Eduardo González que tenía 22 bolos de renta. Lanzaba primero Andrés y obligaba a su rival a hacer 25 bolos. Eduardo no llevaba la cuenta y entonces alguien le confundió. “Con 24, campeón”. Le valía con entrar al castro y lo hizo... pero el campeón fue Andrés. Sabía que su rival estaba en el error, pero calló y al final festejó el título. Punto final para la mañana. Con menos divos que en la Fórmula 1, mejores caras y con un vino en el bar. Como debe ser.

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