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PATRIMONIO AL RESCATE

Más pasado de la Legio que sale del olvido

El Ayuntamiento de La Robla quiere poner en valor las viejas cerámicas de las que se sacó gran parte del material que se utilizó para la construcción del León romano

Sobre estas líneas, vista general de ‘las medulillas’, el paraje que recuerda el paso de los romanos por el valle de Fenar, cerca de La Robla. M.C.C.

M.C.C. / León
Por un momento, parece que uno está en Las Médulas. El color anaranjado de la tierra, aunque algo más blanquecino, y los pináculos de la vieja explotación recuerdan al paraje Patrimonio de la Humanidad.
Pero no es el Bierzo, sino Solana de Fenar, a medio camino entre La Robla y Matallana de Torío. Y aunque no sean lo mismo, la verdad es que algo se parecen. Ambos son vestigios del paso de los romanos por la provincia de León. Las Barreras, como se conocen en todo el valle de Fenar a esta zona de cárcavas, fue lugar de extracción de arena para uno de los principales materiales de construcción del campamento romano de la Legio VII, como fueron los ladrillos y las tejas, éstas últimas conocidas como tégulas hace 2.000 años. Al menos, así lo defienden algunos autores basándose en los numerosos restos de ladrillos que han aparecido en la zona desde hace años.
Las Barreras, o ‘las medulillas’ como alguien también le puso un día, quieren formar parte ahora de un proyecto cultural que impulsa el Ayuntamiento de La Robla. Y es que no todo es industria en un municipio que ha vive más pendiente de la creación de empleo que de poner en valor su pasado, que también lo tiene. El alcalde roblano, Luis García, considera que ha llegado ese momento de sacar a la luz esas otras cosas. El primer paso se ha dado con la elaboración de una guía turística que descubre paisajes y rutas y el siguiente será la colocación de paneles informativos en parajes como ‘las medulillas’.
Pese a los restos encontrados, según el investigador local Juan José Sánchez Badiola, no está claro que el destino de esos materiales fuera la ciudad de León. “Puede que en la zona hubiera algún tipo de destacamento militar donde se utilizara”, señala Badiola, el roblano que ha más estudiado el pasado de toda la comarca.
“El paraje ha sido siempre respetado por el pueblo. La tierra tiene también propiedades curativas. Hay vecinos que la utilizan para enfermedades como el reúma”, explica por su parte Néstor García Aller, ex concejal de Cultura y antiguo pedáneo de Solana.
Y es que a través de ‘las medulillas’ y otros parajes cercanos puede explicarse toda una red de destacamentos auxiliares y puestos de vigilancia dependientes del campamento de la Legio VII que controlaba los pasos hacia el Norte.
De los yacimientos romanos del valle de Fenar sólo existe un estudio, realizado por José Avelino Gutiérrez en 1985, en el que se da cuenta de la aparición de dos hornos. En 1981, muchas de aquellas tégulas y ladrillos desaparecieron “saqueados por los curiosos”.
Rabanal de Fenar, Candanedo... En estos pueblos hay lugares muy parecidos a ‘las medulillas’ de los que seguramente también se sacó la arena necesaria para los romanos. Pero la mejor prueba son los múltiples ladrillos y tejas con la inscripción de la Legio VII. “Sin duda —dice José Avelino Gutiérrez en su estudio hablando del yacimiento de Rabanal— estamos ante un yacimiento romano, datable desde el siglo 1 d. C., aunque la ausencia de cerámica, numismática y otros materiales fechables no permiten confirmarlo; es difícil que sea una villa ‘rústica’ a causa de la fecha tan temprana, en que la región está poco sometida a Roma; más bien debe tratarse de un puesto militar de la Legión”
Que ‘las medulillas’ ofrecen un paisaje sorprendente es verdad. Aún hoy se pueden contemplar los pináculos y, en cierta manera, un sistema de explotación parecido al ‘ruina montium’ que se utilizó en Las Médulas, y que básicamente consistía en introducir en agujeros hechos en la tierra grandes cantidades de agua hasta que ‘reventaran’. En Las Médulas la tierra se lavaba en busca de oro; en esta zona de Fenar, con la tierra se hacía la argamasa para ladrillos y tégulas. Con ellos, y también con cantos rodados procedentes de los ríos Bernesga y Torío, aquellos soldados levantaron la muralla y los principales edificios que dieron lugar a la fundación de la ciudad de León.
La presencia de la Legio VII en León es todavía un puzzle en el que se conocen muchas piezas, pero faltan muchas más. Así, el cuartel general , los ‘famosos’ Principia, son uno de los grandes enigmas. Apenas ha salido a la luz y los únicos restos localizados, en el solar de la calle San Pelayo, se han convertido en centro de una polémica que no tiene fin.
León, según los mayores conocedores de su pasado, no nació con la Legio VII. Se cree que casi un siglo antes, en torno al cambio de era, los romanos ya se establecieron en la ciudad, con la Legio VI Victrix. Hay constancia por escritos de Estrabón y Tácito de que, de las nueve legiones que participaron en las guerras contra cántabros y astures (del 29 a. C. al 19 a. C.), coincidiendo con el cambio de era, sólo tres se quedaron en la península: la IIII Macedonica, en Herrera de Pisuerga, la X Gemina, en Astorga y Rosinos de Vidriales, y la VI Victrix en León.
La primera teoría sobre el origen anterior a la Legio VII es de García y Bellido en el año 1961. En las excavaciones que realizó entonces en León había materiales y restos que no concordaban con la cronología del campamento de la Legio VII. La Legio VI abandonó León debido a las la revuelta bátava contra los romanos en lo que hoy es Holanda. Roma necesitaba más soldados en esa zona y se cree que los llevó desde Hispania. Los ladrillos quedaron pero son aún un rompecabezas.

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