Villamañán cuenta con el primer museo leonés de motos
Antonio Marcos Calvo, posando el pasado jueves en su museo con una de sus motos preferidas. MAURICIO PEÑA
M.C.C. / León
Antonio Marcos Calvo tiene una pasión: las motos. Mejor dicho, dos. Las motos y Villamañán, su pueblo. Todos los sábados, en el viejo cine de la villa, cedido de forma desinteresada por el Ayuntamiento, abre su pequeño museo dedicado a las dos ruedas con la intención de que un día pueda ampliarse. “El alcalde está interesado, y yo también. Esperemos que un día se pueda hacer”, explica.
La colección de Antonio Marcos Calvo, que se puede ver todos los sábados en Villamañán, está integrada por 28 motos. Otras 14 se acumulan en su casa y están en periodo de reconstrucción, y ocho más están “comprometidas”, como él dice. “Las tengo apalabradas y tengo que ir a por ellas para restaurarlas también”.
La mayoría de las motos las ha ido recogiendo por la comarca. Antonio se hace con ellas a veces rescatándolas de la chatarra o de cuadras para volver a darlas vida. No le importa ni el tiempo que tiene que invertir, ni la paciencia para hacer funcionar otra vez la pieza más pequeña, ni el mimo para repintar la moto con el mismo color original. “Siempre he tenido gran afición, y esto es lo mejor que me ha podido pasar. Me hace mucha ilusión poder mostrar mis motos”.
Como en todo museo, la moto más antigua tiene siempre su particular historia. La más antigua del museo de Antonio es una Guzzi del año 1948. “Tiene casi 60 años. Es una joya, y todavía funciona”, comenta.
De todas las que tiene expuestas, la que más le gusta es una Ducatti, modelo Élite. “Todas tienen su motor y sus piezas originales”, advierte. Hasta tal punto es así que en algún caso, como la Derbi conocida como ‘cabeza de hormiga’, está pendiente de la tapa del depósito de gasolina. “Se perdió y tiene uno provisional, pero ya tengo uno original para ella”
Villamañán tiene un museo dedicado a la pasión por las dos ruedas aunque no sea una zona de León con gran afición. “Siempre he tenido moto, pero no hay muchas en la comarca”, reconoce Antonio. En su caso, la afición empezó muy pronto, en el pueblo, y se fue haciendo cada vez más fuerte en Barcelona, donde residió varios años. Allí tuvo negocios para más tarde seguir con sus actividades empresariales en León. Hace ocho años se jubiló y, por fin, pudo dedicarse a su gran pasión. La casa de Antonio en Villamañán es un gran taller. No falta maquinaria para volver a poner en funcionamiento una moto. Alguna le han querido comprar, “pero saben de antemano que no las vendo. Más bien, quiero comprar”, puntualiza.
Todas las motos que se exponen arrancan perfectamente y con algunas suele dar Antonio alguna vuelta por los alrededores de vez en cuando. León, como Villamañán, tampoco es una zona de coleccionistas. “Sí Levante. En Valencia y Cataluña hay gran pasión. Ahora está creciendo un poco la afición. En Villamañán la única moto grande durante años ha sido la mía”.
Aunque en Villamañán no haya muchas de gran cilindrada, sí ha sido algo común la utilización de motos más pequeñas y ciclomotores para los traslados hasta las fincas. “Muchas de esas motos las tengo yo. Hoy son joyas, o van camino de ello”. En el museo las hay muy curiosas, como esa Derbi ‘cabeza de hormiga’, pero no faltan marcas emblemáticas del último medio siglo en España como Bultaco, Derbi, Osa, Guzzi o Lambreta, entre ellas un curioso sidecar. “Toda moto tiene su historia”, dice.
El museo de Antonio Marcos Calvo abre todos los sábados de 11,30 a 13,30 de la tarde.