Logo de la-cronica.net


EL COLUMNISTA INVITADO / José Álvarez Guerra

Serpientes de verano

Quizás porque los tiempos ya no son lo que eran, quizás que la televisión y la investigación nos van quitando misterios, ilusiones o añoranzas, lo cierto es que desde hace ya unos cuantos años echo yo de menos la visita, siempre puntual, en medio del verano, de la serpiente del lago Ness, Nessie que se la llamaba.
Eso daba un punto de curiosidad y misterio, que, junto con la canción del verano de Georgie Dann, nos decían en qué época del año andábamos.
Pero no se preocupen, que otras serpientes vienen.
Vienen los amagos de actuaciones gubernamentales , diciéndonos que sí, luego que no y después, que ya veremos, que me han malinterpretado o que era a título personal.
Y viene, por segundo año consecutivo, o sea por segundo verano consecutivo, viene, digo, el Ministerio de Economía y nos dice que va a reglar la actividad corporativa de los profesionales varios que pululamos por este país de crisis (más o menos un millón), para mejorar la competitividad, aligerar la tramitación administrativa y, de paso, anular la colegiación obligatoria en los correspondientes colegios profesionales.
Mejorar la competitividad. ¿Cuál? Porque para que haya competitividad tiene que haber actividad, y eso, en mi gremio y otros muchos no se encuentra ni con el candil de Diógenes.
Aligerar la tramitación administrativa. Pues vaya. ¿No será que la ministra, el ministerio y todos sus adláteres estarán viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?
Pero, aparte de eso, ¿qué pinta Economía anulando de facto los colegios profesionales que lo primero que hacen es garantizar que el profesional que ejerce tiene esa capacidad, y así el ciudadano está seguro de que contrata con persona cualificada?
Más de uno habrá oído, sino sufrido, de médicos que no lo eran o arquitectos que tampoco. Y eso a pesar de la presencia permanente de los colegios correspondientes que vigilan esta circunstancia.
Quite usted la organización colegial, y ya veremos quién garantiza la profesionalidad y quién va a estar seguro de con quién está hablando.
Un ejemplo: a principios del siglo XIX, en Madrid se produjeron varios hundimientos de edificios en construcción ya que nadie controlaba quién era quién en la edificación. Para poder garantizar la capacidad profesional del proyectista, se creó el Colegio Oficial de Arquitectos. Santo remedio: no hubo ni un solo derrumbe más.
¿Volveremos para atrás?
José Álvarez Guerra es arquitecto

Publicidad
pix
publi
pix

© Promociones Periodísticas Leonesas, S.A.
Moisés de León, 49-bajo 24006 León (España)

Correos de La Crónica