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UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS


Espantapájros
y cantapájaros

Viajar por cualquiera de las carreteras de la provincia y que te deslumbre un árbol repleto de DVDs colgados en todas las ramas es una de esas torturas que jamás perseguirá el Defensor del Pueblo.

No sé si son eficaces para pájaros, zorros y demás animales que pretenden beneficiarse de manzanas, uvas o trigos, pero echas mucho de menos las viejas trampas para evitar estos enemigos de las cosechas y las frutas, artesanales en su mayoría, cuidadas por muchos de los que las colocaban que fiaban su eficacia a la verosimilitud del espantapájaros... Y además competías en arte y maña con los que colocaba el vecino, ‘‘que le ponía un mono a un palo y ya quería que los zorros creyeran que era verdad’’.

Echas de menos en los tejados aquella teja dada vuelta, elevada contra el viento para que éste la golpeara en su furia y el ruido que producía ahuyentara a los animales que no veían ninguna trampa pero escuchaban los cantos del enemigo. Echas de menos el precioso nombre que le daban a esa teja: cantapájaros, que era además como el ramo festivo que avisaba del final de la tarea de cubrir el tejado teja a teja, una de las faenas que requieren mayor cuidado.

Tengo para mí que tiene que ser excelente vino el de quien ha cuidado sus viñas con espantapájaros artesanos, como el de la fotografía.

df
Mauricio
Peña

Ful
Fulgencio
Fernández


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