El colombiano Luis Bolívar cortó una oreja. Escasa respuesta de espectadores en la corrida benéfica
El leonés Javier Castaño y el joven castellano-manchego Rubén Pinar abrieron la puerta grande de la plaza leonesa en una tarde muy entretenida, aunque con poco público. M. MARCOS
Perelétegui / León
Las fiestas de San Froilán recuperaron su larga tradición taurina con la corrida de toros organizada por la empresa Postigo a beneficio de la Asociación Leonesa Contra el Cáncer. La repuesta de aficionados –transmitida paraCastilla-La Mancha y Andalucía– fue inferior a la que cabía esperar. Una lástima, por el esfuerzo de organización y el fin benéfico. Presidió con acierto Santiago García Guisasola, asesorado por Ricardo Ferradal. Sánchez Arjona trajo un encierro de variado pelaje y bien presentado.
El leonés Javier Castaño, que estrenó un vestido blanco y oro, lanceó superiormente por verónicas al que abrió plaza, apretándose luego por chicuelinas en el quite. Brindó al público y, sin más, se puso a torear de rodillas y en redondo en los medios. Después, ya de pie, asentó las zapatillas en templadas series con la diestra, de largo trazo y mano baja, para probar con la zurda y acabar con su característico toreo de cercanías, apurando las últimas embestidas de su oponente. Manoletinas antes de entrar a matar, y una estocada casi entera, seguida de certero descabello, pusieron en su mano la primera oreja de la tarde. En el cuarto, valiente y decidido, aguantó tarascadas, pudiendo y sometiendo la irregular embestida. Dejó una estocada arriba, entrando muy derecho, y se le concedió otra oreja (y la puerta grande), pidiéndose con fuerza la segunda.
Hicieron el paseo desmonterados el colombiano Luis Bolívary el manchego Rubén Pinar .
Bolívar mostró su madurez y su clase muleta en mano, sobre todo al manejar la zurda. Y acabó con el segundo de la tarde de estocada corta y descabello, escuchando una ovación que saludó desde el tercio. Con el capote estuvo variado y lucido en el quinto siendo ovacionado en chicuelinas y tafalleras. Y con la flámula, tras brindar al respetable, se ajustó en muletazos pasándose al toro por la espalda y en los medios, y en series con una y otra mano en las que el temple, la quietud y el mando fueron las notas predominantes. Cuando estaba toreando más agusto sufrió una cogida sin consecuencias, levantándose para seguir en la misma línea y rematar la faena con ceñidas bernadinas. La estocada, un tanto tendida, fue suficiente, y se le concedió una oreja.
El joven Pinar estuvo valiente y variado con el percal, luciéndose en verónicas y gaoneras. Ofreció la muerte del primeroa los tendidos e hilvanó una faena reposada y con transmisión, en la que estuvo firme y entregado, muy por encima de las condiciones del toro. Un pinchazo, otro hondo y descabello al cuarto intento, dejaron el premio reducido a una ovación con saludos. En el sexto de la tarde llevó larga la embestida, ligando los muletazos con armonía y ritmo, a la vez que sabiéndole dar al toro tiempo y distancia. Un torero nuevo, en suma, pero con cualidades evidentes para llegar a ser importante en su profesión. Esta vez sí acertó con la espada y, tras la estocada del efecto fulminante, se le llevó dos orejas y el derecho a salir en hombros en unión de Castaño.