El placentino Javier Pérez Walias gana la XVII Bienal de Poesía Provincia de León con un poemario que reflexiona sobre cómo vivimos el tiempo de una manera emocional
El presidente del jurado, Antonio Colinas, con el ganador de la Bienal de Poesía ‘Provincia de León’ 2008, Javier Pérez Walias. SECUNDINO PÉREZ
Joaquín Revuelta / León
El pasado jueves día 1 de octubre se hicieron entrega en el salón de plenos de la Diputación Provincial de los galardones correspondientes al ‘Libro Leonés 2007’, en sus cuatro apartados, y a la Bienal de Poesía ‘Provincia de León’ 2008 que convoca la institución provincial a través del Instituto Leonés de Cultura y que en su diecisiete edición recayó en el poemario del autor placentino Javier Pérez Walias ‘Largueza del instante’. El jurado presidido por el poeta bañezano Antonio Colinas, del que también formaban parte José Enrique Martínez, Máximo Cayón, Ángel Fierro y Víctor M. Díez, tuvo a bien reconocer que se trata de una obra “técnicamente bien resuelta, tanto en el desarrollo de cada poema como en la organización del conjunto, con un estilo fluido y rotundo, ofreciendo momentos de un lirismo intenso, y con una admirable capacidad para contar por medio de imágenes plásticas paisajes y figuras humanas, aunando emoción y reflexión, en un tono sostenido a lo largo del poemario”.
El poeta placentino, que imparte clases de lengua como profesor de Educación Secundaria en Cáceres, confiesa que no es un habitual de los certámenes literarios. “Soy de escritura lenta y la verdad es que miro bien dónde publico y a qué premios debo presentarme, sobre todo por una cuestión de edición. Lo que realmente me interesa es que la edición del libro tenga recorrido y que aparezca en una editorial o en una colección de prestigio, como puede ser la colección Provincia que todo el mundo conoce y sabe de su magnífica trayectoria”.
Para el último ganador de la Bienal de poesía ‘Provincia de León se hace imprescindible “crear desde la honestidad para que puedas transmitir y de paso ayudar al lector”. En este sentido, señala Pérez Walias, “no me preocupa tanto tener los libros o los poemas terminados, sino que cuando se terminen en primer lugar yo esté contento y satisfecho con el resultado final y a partir de ahí que los demás también puedan encontrar algo que les sirva”.
Con relación a la obra ganadora,‘Largueza del instante’, su autor reconoce que llevaba tiempo trabajando en este poemario. “Aproximadamente he tardado unos cinco años y curiosamente siempre aparecen los poemas ligados a paisajes y a viajes, fundamentalmente. En este caso concreto, el poema que abre el libro se titula ‘Jardines del infierno’ y hace referencia al Parque Nacional de Plitvice, en Croacia. Todo eso, al igual que sucede con la pintura, se transforma lentamente y va dando pie a contenidos evidentemente más profundos, más íntimos y personales. Poco a poco va tomando cuerpo, hay un corpus de poemas que luego se va organizando en torno a lo que me interesa transmitir en cada momento”.
El jurado valoró positivamente la admirable capacidad de Javier Pérez Walias para contar por medio de imágenes plásticas paisajes y figuras humanas. El autor placentino explica que ha pretendido que fuera un libro de tiempo y de espacio. “No en vano, el título ‘Largueza del instante’ alude a la elasticidad del tiempo y a cómo vivimos el tiempo de una manera emocional. Cómo se percibe el paso del tiempo cambia mucho dependiendo del estado emocional del sujeto. A partir de ahí, el libro coge ese recorrido tomando como referencia paisajes, situaciones, pero fundamentalmente personas del pasado y del presente que aparecen insertadas en ese paisaje con sus vivencias y con todo lo que nos rodea”.
Sobre el papel que juega el viaje en todo ese proceso de creación literaria, Pérez Walias quiere dejar constancia de que ‘Largueza del instante’ no es en absoluto un libro de viaje, aunquesí que está relacionado con múltiples viajes queha realizado. “Podíamos decir que el viaje es simplemente la anécdota”, dice, poniendo el ejemplo de un crío que aparece en una pequeñísima barca de color azul en medio de la inmensidad del Nilo pidiendo a los turistas para ganarse el sustento, “una imagen que está dentro del viaje pero que trasciende emocionalmente lo que es simplemente el viaje de un turista. Todo eso luego se transporta y se convierte en un poema que aparece en el libro y que se titula ‘La mirada de un niño es como la vida de un pez”, concluye.