El pasado diez de octubre se publicaba en los diarios provinciales una fotografía, en la que se ve al alcalde ponferradino con un grupo de sindicalistas del Ayuntamiento que él gobierna, y con ellos el secretario comarcal de CCOO, dándonos fe de que para el año 2009 no se subirá el sueldo a los funcionarios municipales ponferradinos. A mí, semejante fotografía me alivia, y demuestra que por fin existen sindicalistas que han comprendido, felizmente, que el progreso sólo se consigue a través de la unidad, y para ello luchan denodadamente junto con el ‘gran patrón’ comarcal para que nada altere nuestra paz social y, aunque la fotografía es compatible y absolutamente coherente con la componenda, el equilibrismo, el eufemismo, la corrección política, la ambigüedad y la rendición sindical con la que los sindicatos mayoritarios están enfrentándose a la crisis, estoy absolutamente seguro que, conociendo las inquebrantables convicciones democráticas de don Vicente Mirón, secretario comarcal de CCOO, nadie le ha comentado, ni él ha leído en periódicos o escuchado en la radio, las múltiples denuncias que la oposición PSOE, MASS, IU y PB han realizado sobre la ignominia y el lodazal que supone la política de personal del Ayuntamiento de Ponferrada.
Peligrosa fotografía, peligrosamente inútil, al menos para los más de once mil orillados apuntados al Inem en la comarca, o los cientos de angustiados que soportan un ERE y que no aman de dónde vienen, ni adónde van, pero aguardan con necia impaciencia el cambio de la rueda pinchada. Aunque todos ellos puedan llegar a pensar que dicha fotografía es el horror, y ya sabemos que el horror es la sombra de la realidad o su estela, esa fotografía es la constatación de que algunos sindicalistas asesinaron, hace ya tiempo, la poética inocentemente tonta de que son la representación de los trabajadores, y se han transformado en meros vendedores de restos de serie.