La masculinización y el envejecimiento son los principales problemas del mundo rural
Además de ser el eje del hogar, las mujeres realizan labores de agricultura. J. M. LÓPEZ
David Rubio / León
La provincia de León, junto con las de Zamora, Lugo y Orense, encabeza el listado nacional de zonas de mayor masculinización juvenil. Así lo refleja un estudio elaborado por la Fundación La Caixa que lleva por título ‘La población rural en España. De los desequilibrios a la sostenibilidad social’, que fue presentado la semana pasada y del que se aportan numerosas conclusiones sobre la actual situación que atraviesa la provincia de León.
En el mencionado informe, en cuya elaboración ha participado un grupo de prestigiosos sociólogos de distintas partes de España, León se incluye en el modelo de ruralidad denominado de desconexión, junto con las otras tres provincias anteriormente mencionadas. Ese grupo de desconexión “presenta un notable envejecimiento y reducción drástica de la base generacional”, según los autores del estudio. Además, habría que añadir que la generación soporte (sector poblacional en el que los autores del informe incluyen a los habitantes del medio rural de entre 30 y 49 años, es decir, aquellos que realizan actividades productivas y reproductivas) “está reducida al mínimo y la masculinización juvenil es importante”.
La descripción que el estudio de La Caixa realiza de los territorios considerados de desconexión es ciertamente demoledora: “Constituye la ruralidad más extrema en el sentido de las condiciones de vida. Son lugares de localización remota con dificultades para superar un modelo de desarrollo tradicional muy vinculado al aprovechamiento agropecuario del territorio en régimen familiar. Es una ruralidad desconectada no sólo por la situación remota de los asentamientos, sino también por no encontrar un lugar adecuado a nuevos modos de desarrollo”. Y, a modo de conclusión sobre los reducidos mercados laborales que se presentan, los autores sentencian: “No atraen población y el agotamiento demográfico dibuja un paisaje social en el que las huellas del pasado priman sobre las oportunidades de futuro”.
El informe resulta especialmente llamativo en una jornada como la de hoy, cuando se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural. Fijar población en los pueblos ha sido a lo largo de los últimos años una de las obsesiones de todas las administraciones, pero los datos son los suficientemente concluyentes como para demostrar que las políticas enfocadas en este sentido no han dadoresultado. En la provincia de León, sólo 3 de cada 10 mujeres viven en el campo, como demostró un informe realizado por la Junta de Castilla y León el pasado año. Paradójicamente, hay que decir que la mayoría de esas mujeres que viven en pequeños pueblos se consideran satisfechas o muy satisfechas de su residencia.
En esa lucha por evitar la despoblación la mujer desempeña una función clave. Según el estudio de La Caixa, en el campo español predominan los hombres y, además, los hombres que viven en solitario y no llegan a crear una familia. Como es lógico, el mayor éxodo de las mujeres de los pueblos se produjo en los sesenta, que fue básicamente cuando se fue de los pueblos el mayor número de población. Pero, sin embargo, la emigración rural femenina se mantuvo cuando la crisis de la industria en los setenta ralentizó la de los hombres.
“La huida ilustrada”
Dentro del panorama tan desolador que presenta el estudio de La Caixa, hay también motivos para el optimismo. Una vez superado el arquetipo social de los sesenta y setenta en el que el mejor estado posible para una mujer era el de estar casada, la transformación de conductas sociales ha sido vertiginosa: “Las mujeres rurales españolas no sólo han superado en pocos años la desventaja histórica respecto a los varones, sino que alcanzan unos niveles educativos netamente superiores a ellos. De hecho, hoy por hoy, uno de los pocos rasgos característicos de la juventud rural es la considerable diferencia académica entre chicos y chicas. Esta mayor inclinación de la mujeres rurales hacia la formación y la educación se ha querido ver como la principal causa del progresivo alejamiento de sus potenciales compañeros rurales, en cuanto a valores y expectativas vitales, de su vinculación a empleos cualificados poco abundantes en los pueblos y, en definitiva, de una mayor valoración de la vida urbana, considerada un elemento clave en el desarraigo.
Es así como se explica elfenómeno denominado de ‘la huida ilustrada’, por el que la educación se convierte tanto en una vía para alejarse del pueblo comopara acceder al mercado de trabajo de una forma cualificada y con unas expectativas, por primera vez, de auténtica profesionalización. Y es que para los varones quedarse a trabajar en el pueblo, siguiendo el negocio familiar, parece un mal menor.