UNA IMAGEN Y 262 PALABRAS

El mundo es el pecho de tu padre |
Ya han pasado los tiempos en los que al recién nacido se le envolvía en mantas, se le acercaba a la cocina de leña, se le arrullaba en la cuna nada más que emitía el más leve gemido y se le daba de comer a todas horas pues cuando el bebé lloraba siempre había alguien que sentenciaba: ‘‘Eso es hambre’’. Dicen que ahora los niños –además de no venir de París sino que los trae ‘mamá en la barriguita’– saben latín desde que nacen. Los embuchan en unas ropas especiales y salen para la calle con el cordón umbilical recién cortado, metidos en un saco que recibe a su vez el calor del cuerpo de su padre. Y cogen la gripe en la guardería y los piojos en la escuela cuando todavía no saben ni siquiera hablar. Pero hay muchas cosas que no cambian. Los niños de antes y los de ahora se alteran ante las voces del entorno y se calman cuando esa voz es la de su madre o cuando el pecho que le ponen en la boca es el mismo que le dio de mamar nada más llegar al mundo. Pero hay cosas que no cambian y para los niños de antes y los de ahora abrir por primera vez los ojos y sentir el calor de la almohada del pecho de su padre, mirar a su alrededor y ver que todo el mundo que alcanza a ver es su padre, les obliga a llegar a la conclusión de que su padre es el hombre más fuerte del mundo. |
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