Los actos contra el medio ambiente destrozan versos que son necesarios para vivir. Ciertamente, los espacios de la vida van perdiendo el color verde de la naturaleza y esto es grave, porque aparte de perder belleza (o sea poesía) hallamos la sombra de la muerte en cada esquina, algo que nos impide respirar a pulmón abierto y poder ver los colores azules del mar y del cielo, el amarillo del sol y el luminoso racimo de estrellas que rondan alrededor de la clara luna. Precisamente, el pasado mes de septiembre, el secretario general de las Naciones Unidas, tras un viaje al Ártico, volvía a mostrar su preocupación al observar que lo que hace sólo unos años era una majestuosa masa de hielo, se había desintegrado. A pesar de tantos anuncios palpables que avivan la desolación, científicamente corroborados, resulta que siguen aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Hay que hacer algo ya, con urgencia, para que esta otra crisis, la climática, no menos importante que la financiera, restituya el aluvión de desajustes que hemos generado con un crecimiento irracional, insostenible y bestialmente devorador del color que simboliza la esperanza.
El cambio climático, sostiene el secretario general de las Naciones Unidas, es la principal amenaza de la naturaleza contra todos, nadie queda a salvo, amenaza a los mercados, las economías y los beneficios del desarrollo y puede diezmar las reservas de agua y alimentos, provocar conflictos y migraciones, desestabilizar las sociedades más frágiles e incluso derrocar gobiernos. De hecho ya está sucediendo. Necesitamos cuidar con talento y responsabilidad el verde vida y también es preciso ver el hábitat como lo que es realmente: una expresión poética de un proyecto de amor y de verdad que nos lo hemos encontrado para cuidarlo, no para destruirlo. Hagamos el cambio, nuestros modos y maneras de actuar con el medio ambiente no es el adecuado. Cualquier gesto, por ínfimo que nos parezca, de precaución y prevención, vale la pena desarrollarlo. Por ejemplo, la campaña europeísta que tiene este año por lema “Mejora el clima de tu ciudad”, además de promover el transporte sostenible, también sensibiliza a las autoridades locales en la lucha contra el cambio climático. Téngase en cuenta que más del 70% de los europeos viven en zonas urbanas. Sin duda, las ciudades reducirían considerablemente las emisiones de gases de efecto invernadero si convencieran a sus habitantes de que es preferible dejar el coche en casa. La mejor forma de convencer, desde luego, pasa por ofrecer otras alternativas más cómodas y eficaces, menos costosas, como puede ser un servicio de transporte público ecológico conciliado a los horarios laborables.
Víctor Corcoba Herrero es escritor