Logo de la-cronica.net


EL COLUMNISTA INVITADO / Julián López Martín

¿Una Iglesia anticuada?

En el debate ‘Foro u Oferta’ de la popular ceremonia de Las Cantaderas, con el humor que suele ser característico en la representación del Ayuntamiento y en la del Cabildo catedralicio, se suelen deslizar afirmaciones a mitad de camino entre la insinuación de un tema polémico para que el contrincante entre al trapo, y el dardo acusatorio. En la última edición de este duelo dialéctico que, como todo el mundo sabe, termina en tablas hasta el año siguiente, se aludió, con las características que acabo de señalar, a la presunta situación anticuada de la Iglesia. El eco del debate no se apagó en el claustro de la catedral sino que resonó también, poco después, bajo las bóvedas de la pulchra leonina.
¿De veras la Iglesia está anticuada? Que es antigua, nadie lo duda. Tiene dos mil años de existencia y ha sobrevivido a los grandes terremotos de la historia europea hasta el siglo XVI y aun del mundo a partir de entonces, sirviendo espiritual y materialmente a la humanidad. Recordemos a San Isidoro, cuyos libros llenaron Europa en la Edad Media, o la evangelización y civilización de Inglaterra por San Agustín de Canterbury, de los pueblos germánicos por San Bonifacio, de los pueblos eslavos por santos Cirilo y Metodio, etc. No olvidemos la obra realizada en España por tantos clérigos y religiosos insignes en los más variados campos del saber, el descubrimiento y evangelización de América, y el encuentro con las culturas del Extremo Oriente por misioneros de la talla del famoso jesuita italiano Mateo Ricci, de cuya muerte se va a celebrar el IV centenario el año próximo; etc.
Ante esa pretensión de una Iglesia obsoleta, intransigente, contraria al progreso, los católicos debemos reaccionar haciendo una serena autocrítica, sin caer en falsos complejos de culpabilidad. La barca de la Iglesia seguirá navegando mar adentro y, si se cierran las posibilidades misioneras o pastorales en un lugar, acudiremos a otro. Por otra parte, los reproches del tipo de los señalados están ya muy gastados y revelan la supervivencia de prejuicios ideológicos y distorsiones de la historia que no tienen nada de modernos ni de progresistas, aunque quienes los detentan quieran pasar por ilustrados o dirijan películas muy taquilleras.
Volviendo a la Iglesia, nuestra Madre la Iglesia merece reconocimiento y gratitud. ¿No es verdad que es como esa mujer con el rostro consumido y el vestido un poco ajado porque no ha tenido tiempo de hacer otra cosa que trabajar y trabajar para sacar adelante a sus hijos?

Julián López Martín es obispo de León

Publicidad
pix
publi
pix

© Promociones Periodísticas Leonesas, S.A.
Moisés de León, 49-bajo 24006 León (España)

Correos de La Crónica