The New London Consort, bajo la dirección de Philip Pickett, protagoniza el brillante epílogo del festival
Los componentes del The New London Consort, con Philip Pickett al frente, se encargan hoy de cerrar la 26 edición del Festival de Órgano en la Catedral de León.
Joaquín Revuelta / León
T he New London Consort, uno de los conjuntos de música antigua más versátiles y aclamados del mundo, protagoniza esta noche, a partir de las 21:00 horas en la Catedral, el brillante epílogo del XXVI Festival Internacional de Órgano que desde su inauguración, el pasado 18 de septiembre, ha acercado hasta la capital leonesa a algunas de las primeras figuras internacionales del órgano y a reputadas formaciones orquestales como la que fundara a mediados de la década de los ochenta Philip Pickett.
El repertorio elegido para su presentación en León dentro del ciclo ‘Música en las catedrales’ lo integran las composiciones sacras de Henry Purcell, del que se conmemora el 350 aniversario de su nacimiento, y Antonio Vivaldi.
Desde su irrupción en el panorama musical, el Consort ha explorado los repertorios medieval, renacentista y barroco. Sus componentes son solistas de renombre que comparten la misma preocupación por el estilo y la forma de trabajar. Sus conciertos y grabaciones incluyen frecuentemente primeras interpretaciones modernas de obras sin publicar, redescubiertas y reconstruidas, así como de piezas conocidas vistas desde una perspectiva nueva y muchas veces controvertida.
Entre sus grabaciones sobresalen las bandas sonoras de películas como ‘Hamlet’, ‘Lady Jane’, ‘Robin Hood, príncipe de los ladrones’ y la inolvidable ‘Un hombre para la eternidad’, con música original de Georges Delerue.
La música sacra de Purcell y Vivaldi conforma el exigente repertorio que interpretará The New London Consort esta noche en la Catedral. En lo comentarios al programa, Philip Pickett explica que “Purcell compuso muchas de sus obras sacras en forma de himnos en verso, donde los solistas –solos o agrupados con otros solistas– cantaban en alternancia con el coro completo”.
Al contrario de lo ocurrido con la obra instrumental de Vivaldi, prosigue Pickett, “sus composiciones vocales sacras raras veces se alejaron más allá de las costas de la laguna veneciana y rápidamente cayeron en el olvido tras su muerte. El alcance de este abandono fue tan profundo que la historia juzgó a Vivaldi, a pesar de su estatus como sacerdote ordenado, como un compositor que no creó nada para el uso eclesiástico”. Según el director del Consort “esta consideración cambió en los años veinte del siglo pasado tras el descubrimiento de una colección de medio centenar de obras sacras”.