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FÚTBOL / Segunda División B (Ponferradina, 1 - Osasuna B, 1)

El gol se olvida de la Deportiva

La Ponferradina paga la falta de puntería y vuelve a ceder un empate en casa

La Ponferradina no logró enviar el balón a la red ni con el portero superado. DANIEL

Javier Santiago / Ponferrada
Gol: “En el fútbol y otros deportes, entrada del balón en la portería”. Así de simple lo cuenta el diccionario. Así de difícil en la vida real. Tres letras normales y corrientes y tantos dilemas, tantos esfuerzos y tantos sacrificios.
Al final, esa definición tan simple lo decide todo. Entrada del balón en la portería. Sí, pero ¿cómo? ¿Al primer intento, como ayer el Osasuna B? ¿Después de buscarlo por todos los caminos, como ayer trató de hacer la Deportiva.
El gol lo decide todo y cuando esa palabra mágica desaparece del particular diccionario de un equipo, todo lo demás queda en un segundo plano. Así, el resumen para la historia del partido de ayer es que la Ponferradina volvió a pinchar en casa y prolonga su primer episodio negativo de la temporada.
Pero habrá que tratar de explicar lo que hay detrás de ese frío e inamovible resultado. Habrá que contar cómo la Deportiva reencontró la alegría en el tramo inicial del partido y, por fin, se encontró enfrente a un rival ambicioso y amigo del fútbol, empeñado en buscar sus opciones por la vía de la pelota y no por los atajos subterráneos.
Así, la tarde, con ese sol otoñal que regaló el día, parecía feliz. La Ponferradina se lanzó desde el primer segundo en busca de la portería contraria y comprobó con felicidad que el balón rodaba y no se encontraba los obstáculos toscos de otras tardes.
Y así, con la sonrisa ilusionada en la boca, el equipo fue poco a poco fraguando lo que parecía un encuentro distinto, fluido, amable y agradable para la vista. Y llegó el gol. En el sentido estricto del diccionario, el balón entró en la portería. Pero lo hizo como avisando de que no todo es Jauja. Rubén Vega envió el balón a Berodia y este, incrustado en el área pequeña, lo proyectó hacia el portero. La pelota, generosa, volvió de nuevo hacia él y esta vez la cabeceó humilde y fácilmente hacia la red.
Fue un aviso, sí, porque el gol se ofreció a la deportiva. No fue una conquista gloriosa con un remate infalible, sino un rechace bien aprovechado por el equipo que más lo merecía.
Pero, entonces, la Ponferradina recordó que ya manda el otoño y se marchitó. Dio el partido por ganado, que hubiera sido lo lógico tal y como pintaban las cosas, y, con ello, espoleó a un Osasuna B sin complejos, dispuesto a buscar sus posibilidades sin perder el decoro y el amor por el fútbol.
Los jóvenes osasunistas aprovecharon al máximo sus escasas ocasiones para demostrar calidad. Evidenciaron que en esa casa se les inculca el amor por el juego. Y, además, supieron sacar provecho a su momento. Así, en ese tramo del partido en el que la Ponferradina abdicó de su dominio, el Osasuna arrancó un gol que nació de las concesiones defensivas locales y de la fe de Vega, que se armó de velocidad y potencia, superó a Nacho y batió a Alejandro con el disparo perfecto.
Gracias a ese disgusto, la Deportiva fue consciente de que iba a ser necesario pelear para ganar el partido. Así, tras un momento de titubeos, el equipo se aferró de nuevo a su condición de dominador y empezó su batalla en busca del gol. De eso que es tan sencillo como la entrada del balón en la portería y tan complicado como se evidenció ayer.
Poco a poco, el Osasuna B fue cediendo ante el empuje de la Ponferradina. Justo antes del descanso, su portero hizo una majestuosa parada que evitó que acabase en gol un gran disparo de Rubén Vega. Y tras el intermedio, el campo quedó reducido al área osasunista y a los caminos para llegar a ella.
La Ponferradina se colgó en el pecho el cartel de se buscan goles y se lanzó a la caza de las tres letras por todas las vías posibles. Como un enamorado, alternó momentos de pasión arrebatada con fases de ternura y caricias. Se desesperó con disparos lejanos y con centros al área e intentó sutilezas frágiles e infructuosas dentro del área.
Pero el gol se olvidó de la Deportiva. El equipo lo llamó con insistencia, trató de buscarle las costillas por los costados y por el centro, pero no hubo manera. Con el único nueve del equipo aún convaleciente, el resto de jugadores pusieron todo de su parte, pero el gol es quisquilloso y selectivo. A veces premia a quien no lo busca, pero otras veces da de lado a quien le tira los tejos.
Mientras tanto, el Osasuna B afrontó como pudo el chaparrón. Se mantuvo fiel a su voluntad futbolera y buscó redondear su tarde con algún contraataque cargado de peligro. Pero, a la vez, se vio obligado a atrincherarse. El entrenador, Ángel Merino, optó por incrustar un defensa más en el centro de la zaga, consciente del valor de un punto en medio del arrebatado empuje de la Ponferradina en busca del gol.
Y, al final, el reloj dijo basta, el partido se fue a la historia y, con él, dos puntos emigraron de El Toralín camino del armario donde se guardan las ocasiones perdidas. Poco premio para una Ponferradina que lo intentó todo, pero también un buen reconocimiento para un Osasuna B que demostró que suele ser útil respetar al balón.

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