Varias ciudades del tamaño de León se están sumando al proyecto del tranvía. Olvidado como medio de transporte urbano a mediados del siglo pasado, cuando el coche se convirtió en accesible para las clases medias y el tranvía se convirtió en un estorbo para agilizar el tráfico, ahora vuelve unido a la modernidad y a un nuevo concepto urbano que quiere recuperar las ciudades para los peatones y reducir la contaminación que generan miles de vehículos particulares cada día. El tranvía es un proyecto arriesgado pero la vez ambicioso al que León no debe renunciar de partida. El hecho de que otras ciudades españolas apuesten por él pone de manifiesto que la idea es interesante y muy positiva ya en casos como Vitoria, Parla (Madrid) o Murcia. En el caso de León es arriesgado por las condiciones de su puesta en marcha, 40 años de concesión para la empresa que gane el concurso, y su coste anual, 12 millones de euros. Y es ambicioso porque puede marcar un antes y un después en una ciudad acostumbrada a incorporarse a los nuevos conceptos urbanos de forma tardía. Así pasó con las peatonalizaciones, hoy reconocidas unánimemente, o con las rondas, que siguen taponando los semáforos, al contrario que pasa con las circunvalaciones de otras capitales próximas. El recorrido atravesará de norte a sur la ciudad, desde Puente Castro hasta el Área 17. Muchos leoneses que ahora no utilizan el transporte público del autobús puede sumarse al tranvía si se garantiza su paso cada 10 minutos. La línea es atractiva, aunque su construcción y sus primeros meses de funcionamientos pueden generar problemas. Lo que sí deben tener muy claro sus promotores es que el precio del billete debe ser accesible para todos los bolsillos. De nada serviría una apuesta de esta envergadura si después el tranvía se convierte en un transporte caro para el ciudadano medio. Las obras, según anuncia el Ayuntamiento, comenzarán a principios del año que viene con el objetivo de que la primera línea esté operativa en junio de 2011. Es importante que el equipo de gobierno no caiga en el electoralismo de un gran proyecto como es éste y garantice para esa fecha la puesta en funcionamiento de todo el recorrido. No vaya a ser que, como en su día algún informe decía, alguien se conforme con construir 400 metros de vía para pedir el voto condicionando un proyecto que necesita diseñarse muy bien y ‘venderse’ mejor.