León afrontará las obras del soterramiento en un escenario nada fácil, en medio de una crisis económica que se ha llevado por delante gran parte del sector inmobiliario que hizo posible plantearse grandes renovaciones urbanas como la que afronta la capital, y que supondrá no sólo la eliminación del paso a nivel del Crucero sino la mayor transformación de la ciudad en cien años, desde el famoso Ensanche que, al inicio del siglo XX, propició una nueva ciudad fuera del Casco Antiguo, lo que hoy es el triángulo compuesto por las plazas de San Marcos, Santo Domingo y Guzmán. El ferrocarril de alta velocidad es por sí mismo una revolución en marcha que colocará a León a poco más de una hora de Madrid y menos de 60 minutos de ciudades como Oviedo o Valladolid. Pero es mucho más. León tiene por delante el reto de integrar a zonas hoy relegadas del avance de la ciudad, como la carretera de Zamora, el barrio de la Sal, el propio Crucero o Armunia. Con el AVE, la ciudad dará un paso de gigante para convertirse en una gran capital con varios centros urbanos y nuevas y modernas infraestructuras como será el Palacio de Congresos. El plan de financiación pasaba desde un principio por costear gran parte de las obras con la venta de los terrenos de Renfe que ya no serán necesarios para que el tren circule por León y su recalificación para la construcción de viviendas. Ése era el plan; hoy, desgraciadamente, no lo es, no porque no sea igual de interesante, sino porque la construcción ha frenado en seco a raíz de la crisis económica. La Sociedad León Alta Velocidad, en la que están todas las administraciones (Gobierno central, Junta de Castilla y León y los ayuntamientos de la capital y San Andrés del Rabanedo), mantiene sus planes de construir en el gran área que quedará liberado por la llegada del AVE y el soterramiento de las vías más de 6.000 viviendas. Desde luego, el plazo de construcción de esos nuevos pisos debe ser a la fuerza mucho más largo en el tiempo, porque a corto plazo no se van a construir ni la cuarta parte. Lo que sí deberían hacer las administraciones locales, en este caso León y San Andrés, es marcarse sectores más pequeños para hacer atractivo su desarrollo y para que las nuevas zonas se integren en la trama urbana. En este caso, hay que diferenciar entre una obra como el soterramiento de las vías, que sí tiene financiación, y una gran zona urbana que tendrá dificultades para construir nuevos viales e infraestructuras.