La pasada semana asistimos a un nuevo ejercicio de recontradúplicas entre gobernantes y opositores del Consistorio ponferradino. Nunca habría pensado que un anuncio de congelación pudiese dar lugar a tan ardoroso debate. A mí, lo de las congelaciones me deja como al hombre de gas natural, con cara de confusa resignación y patinando por el pasillo, pero a nuestros políticos locales, una congelación les da mucho juego; tanto, que son capaces de protagonizar el gran debate del tiki-taka. Este tipo de refriegas tienen escaso calado en la población destinataria. Sólo interesan, en su primer encontronazo, a la categoría de los muy movilizados. A partir de ese momento, los reflujos del debate solamente resultan enjundiosos para quien los protagonizan.
Otra. Los ayuntamientos del Bierzo Oeste exploran la posibilidad de confundirse en uno solo. Cuatro territorios y un solo dios verdadero (con nombre compuesto de reminiscencias bíblicas, auguro yo). Desde luego, la idea no es tan descabellada como exponen aquellos que han osado desacreditarla. Se empieza hablando de eliminar las mancomunidades y se termina fulminando alcaldes, concejales, consejeros comarcales, diputados provinciales, procuradores regionales, parlamentarios nacionales, eurodiputados y algún que otro asesor de cada uno de esos peldaños del negocio. Es decir, de lo más parecido al paraíso.
El Ayuntamiento de Ponferrada suministra ya la tarjeta ciudadana. Cumple así con el sueño revolucionario de la ciudadanía, pero de plástico. Naces en Ponferrada y te proporcionan un chip al que nada se le escapa. A los reyes, en lugar de una tarjeta itunes, les pediré una tarjeta ciudadana con recarga suficiente para mis perversiones urbanas: viajar en bus, patear museos y alquilar bicis. ¿Será verdad que la tarjeta también contiene una carga de voto, de manera que el ciudadano no tendrá ni siquiera que perder el tiempo eligiendo una papeleta?