Grace, Arcadio, Toribio... son inmigrantes en paro que lo están pasando muy mal en León. Pocos como Younes han logrado trabajo
Younes, que también es pintor, en su casa, con una de sus últimas obras. MAURICIO PEÑA
Manuel C. Cachafeiro / León
Lo están pasando mal, muy mal, pero no pierden la sonrisa. Al menos tienen un techo y una mano que les ayuda. Ninguno quiere volver a su país de origen. Todos sueñan con encontrar un trabajo. Como un día tuvieron. Son historias de la calle. No de Nueva York, Rabat o Londres. Son historias de aquí, de León. Historias de inmigrantes que están bajo el paraguas de Cáritas.
Grace, no importa su apellido —ella misma pide que no salga publicado— lleva siete años en León. Vino porque aquí tenía una amiga. Durante un tiempo trabajó como limpiadora, hasta que se quedó en paro. “Lo estoy pasando fatal, pero estoy mejor aquí”, confiesa esta inmigrante de Nigeria.
Grace tiene un niño de pocos años. En Cáritas, en la sede de la calle Plegaria, que sólo atiende inmigrantes, todos se conocen. Allí, la organización dependiente del Obispado cuenta con dos personas que se dedican en cuerpo y alma a un trabajo no siempre grato, pero sí muy enriquecedor desde un punto de vista humano. “Son gente que lo pasa mal, pero ya ves, ninguno pierde la sonrisa”, dice Carmelo González, el director de Cáritas en León.
Los inmigrantes no sólo piden ayuda. Hay casos como Arcadio, de la República Dominicana, que también son colaboradores de laorganización. Arcadio tiene una sonrisa de oreja a oreja, aunque su realidad es muy dura: no tiene permiso de residencia y por eso no tiene trabajo. Está a punto de conseguirlo. En mayo del año que viene cumplirá tres años en España. Su disposición para Cáritas es total, según destaca Carmelo González Arranz. “Echo una mano y ellos me ayudan”, explica. “Un tipo muy generoso”, coinciden todos en la calle Plegaria.
En el caso del siguiente protagonista, su nombre no importa. Es colombiano, tiene 42 años y colabora con Cáritas también. “Para mí son una segunda familia”, dice. Por las mañanas, ayuda a los reclusoscomo él que tienen permisos en Mansilla y por la tarde, colabora en el ropero. También él prefiere estar aquí que en Colombia.
Toribio, la cuarta historia, es lo que a veces de forma despectiva se dice un ‘sin papeles’. Nació hace 24 años en Guinea Ecuatorial y vino a España como turista hace un año. No tiene tampoco trabajo. Mientras lo consigue, hace cursos de cocina, de hostelería... Según Carmelo González, al inmigrante no sólo se le debe ayudar con cobijo y comida; lo importante es darle sobre todo una formación para que pueda salir adelante en el mercado laboral. Aunque ahora esté mal, un día volverá a trabajar.
“Antes podían encontrar trabajo. Había miedo a coger sin papeles, pero encontraban; hoy no. El que no tiene permisos no lo consigue”, explica una de las responsables del centro. Aunque se esté bordeando la ley, el papel de Cáritas es ése: ayudar sin mirar a quien. El año pasado, según la memoria de actividades, por el centro de la calle Plegaria pasaron 5.589 extranjeros, de los que 897 fueron nuevos casos. 897 historias como las que protagonizan estas páginas.
A punto de cerrar el pasado viernes, hasta el centro llega Serigne, un senegalés que entró a España en patera hace 3 años. Vestido de forma impecable con llamativos colores, Serigne no tiene papeles, aunque sí varios cursos. Los ha hecho ya de camarero y cocina. También tiene nociones de sastre. Vive con un primo. “La gente sin papeles lo tiene muy complicado. Si un día les pilla la Policía, puede que tanto esfuerzo y lucha no les valga para nada”, dice una de las responsables.
Younes Boviahadj es la otra cara de esta historia. Es marroquí y lleva 14 años en España. Acaba de encontrar trabajo como jardinero después de un tiempo en el paro. Younes es un tipo muy conocido entre la comunidad marroquí en León. Dice que es un afortunado por lograr un empleo, porque a la plaza se han presentado más de 200 personas. “Muchos inmigrantes están en el paro. El problema es que en León no hay fábricas”, dice.
La solidaridad entre la comunidad marroquí leonesa es también muy grande. “Por encima de todo hay que ser persona. En eso se basa la integración”, dice Younes, que también es artista. Los domingos vende sus cuadros en elmercadillo que se celebra en El Albéitar. En su ciudad de Asilha, cerca de Tánger, realizó estudios de bellas artes y pintura.
Los marroquíes, como muchos inmigrantes, siguen trabajando en los empleos que no quieren los leoneses. Como pastores, en el campo o en mataderos de pollos. “Son empleos con sueldos bajos, 500 euros. Ganar 1.000 es todo un mérito”, dice Younes.
El consulado de Marruecos se encuentra en Bilbao. Antes estaba en Burgos. También de eso se queja la comunidad leonesa. Arreglar cualquier papel supone un largo viaje y más de 200 euros. Casi la tercera parte de lo que puede llegar a ganar al mes un marroquí en León.