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HISTORIAS DE AQUÍ

La memoria histórica en Astorga es justicia

La restitución de Panero como poeta se convierte en el gran objetivo de los astorganos

La casa de Panero en astorgana, que pronto será un centro cultural. ARCHIVO

Manuel C. Cachafeiro / León
No nos mueve más que el deseo de que su vida no sea tergiversada y que su obra sea reconocida”. Así habla Juan José Alonso Perandones, alcalde socialista de Astorga. En tiempos en que la memoria histórica lo remueve todo, a veces de manera justa pero otras con un interés partidista, de uno y otro lado, sorprende aún más el movimiento que desde hace unos años lidera el regidor para reivindicar la figura de Leopoldo Panero, al que muchos tacharon de ser el poeta oficial del franquismo.
A la publicación de sus obras completas en tres tomos y la próxima aparición de otro libro sobre las bienales hispanoamericanas de arte de los años 50 que organizó, donde destaca la participación de exiliados, el Ayuntamiento astorgano unirá el año que viene la apertura de la Casa Panero como gran centro cultural de la ciudad. “Panero tiene un tinte franquista menor que Laín Entralgo, o Vivanco, o Rosales, pero murió en 1962 y eso le impidió un descargo de conciencia, como sí pudieron hacer otros escritores de su generación con la llegada de la democracia”, añade Perandones en su defensa.
El movimiento a favor de Leopoldo Panero (Astorga, 1909, Castrillo de las Piedras, León, 1962) no se limita al edil. Va mucho más a allá. En la rehabilitación como poeta del autor de libros como La estancia vacía (1944), Versos al Guadarrama (1945) o Canto personal (1953), la réplica al Canto General de Pablo Neruda que le colgó la etiqueta de defensor del régimen, hay también catedráticos de universidad, escritores como Antonio Colinas o cineastas como el también astorgano Luis Miguel Alonso. Justo esta semana se ha presentado en la Seminci un documental de este último, ‘Los abanicos de la muerte’, un recorrido por la vida de Panero que incluye una revisión de la película de Querejeta y Chavarri ‘El desencanto’. Estrenada en 1976, aquella historia mostró la cara más descarnada del poeta, un padre maltratador y un marido despectivo.
Esa película y el tópico de franquista sirvieron para machacar su imagen durante años, en opinión del escritor Antonio Colinas, que ya en el 20 aniversario de su muerte, en 1982, escribió un artículo en El País reivindicando su poesía y su rehabilitación como poeta. Colinas cree que el movimiento a favor de Panero surgido en Astorga tiene un fin justo.”Al hablar de Panero falta siempre una necesaria objetividad”, dice.
En ese sentido, el catedrático de Literatura de la Universidad Complutense Javier Huerta cree que, al contrario que otros poetas que vivieron para replantearse sus ideas, como Laín Entralgo, a Panero le faltó tiempo. El poeta astorgano murió en 1962, 13 años antes del fin del franquismo. Huerta también participa en el proyecto de reconstruir la memoria de Panero. A sus conocimientos literarios une sus raíces maragatas. Ante todo, afirma, fue un gran escritor. “Fue un poeta inseguro, que no publica todo lo que escribía, y eso le favoreció desde un punto de vista literario. Es un poeta muy profundo. No es un poeta costumbrista. Su visión de la tierra no es para nada localista”.
Juan José Alonso Perandones, que a su condición de alcalde une la de profesor de literatura, insiste en el trasfondo político de la figura de Panero. El poeta astorgano evolucionó hacia posiciones de derecha desde la izquierda. “Hay facetas de las que no se habla, como la época de la República o que casi estuvo a punto de ser fusilado en San Marcos por las tropas franquistas”. Gracias a su madre, familia lejana de la mujer de Franco, Carmen Polo, Panero se salvó.
Luis Miguel Alonso ha visto como ese deseo surgido en Astorga tiene cada vez más respaldo fuera, como él ha comprobado esta semana en Valladolid. La propia película de ‘El desencanto’ que en su día se entendió como un ataque a la más rancia sociedad provinciana, hoy es una forma más de conocer la figura de Panero y Astorga. “Se trata de un tema de justicia poética. No somos sospechosos de ser conservadores. A todos nos mueve el derecho de Leopoldo Panero a ser juzgado como poeta. Yo ni le conocí”, asegura.

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