Letonia ha tenido que negar esta semana que cayera un meteorito. Ni son tantos, ni es tan fácil
Uno de los restos del meteorito de Reliegos que se encuentran depositados en Madrid.
M.C.C. / León
Todo fue mentira. Ocurrió esta semana. Según informaba la agencia Efe, la supuesta caída de un meteorito sobre una granja en Letonia era una broma que formaba parte de una campaña de publicidad de la operadora de telefonía móvil Tele2. Así lo ha reconocido Janis Sproguis, uno de los superjefes de la compañía letona. “Su fin era lograr que la sociedad letona creyera en sí misma y viera que, con ayuda de una noticia única e interesante, se puede atraer el interés de los medios de comunicación aquí y en el mundo”, señaló Sproguis en rueda de prensa, según la agencia rusa Interfax.
El representante de la empresa explicó que la campaña fue un éxito, ya que el nombre de Letonia sonó en un sentido positivo en todo el mundo. “Por supuesto, hay gente a la que esto le gusta y otra a la que no”, apuntó Sproguis, quien prometió que Tele2 “compensará” al Estado por los gastos y molestias causadas por la campaña publicitaria. Poco antes, la ministra del Interior letona, Linda Murnietse, aseguró a la agencia oficial rusa Itar-Tass que los protagonistas de “la malvada broma” deberían ser castigados y pagar una importante multa.
Si la noticia armó la Marimonera ya, lo curioso del montaje fue también el cráter. Según Girts Stinkulis, jefe del departamento de geología de la Facultad de Geografía de la Universidad de Letonia, “las dimensiones no se correspondían con las que suelen dejar habitualmente los meteoritos al caer. El terraplén era demasiado pronunciado y su profundidad demasiado grande”, dijo el geólogo.
Y es que un meteorito no es una cosa cualquiera. Por eso la repercusión informativa puede llegar a ser tan grande como para dar la vuelta al mundo. Lo mismo que pasó esta semana en Letonia, pero en versión real, ocurrió hace 62 años en un pueblo de León.
Reliegos, en el municipio de Santas Martas, a 25 kilómetros de capital leonesa, quiere ahora poner en valor el fragmento de roca lunar que cayó hace seis décadas. A las ocho de la mañana del 28 de diciembre de 1947, festividad de los Santos Inocentes, los vecinos de este pequeño pueblo leonés se vieron sorprendidos por un fuerte impacto. Algunos pensaron que era un accidente aéreo por el gran estruendo. Otros, una fuerte explosión.
Ninguna de las dos versiones era la real. Fue un meteorito. La finca donde cayó nunca se ha construido. Está en la calle Real, y lo encontraron hundido a una profundidad de 35 centímetros. El meteorito de Reliegos es un condrito tipo L5 y su peso fue de 8´900 kilogramos.
Parte de los restos se entregaron a la Nasa para su estudio, pero la mayor parte se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Ciencias de Madrid. Algunos vecinos del pueblo quieren que desde el Ayuntamiento de Santas Martas se haga alguna gestión para que el viejo consultorio médico se convierta en un centro de interpretación de un acontecimiento que aún se recuerda en todos los libros sobre astronomía en España. El consultorio pronto se trasladará a un moderno edificio y quedará libre.
Contar la historia del meteorito tendría gran aceptación. Reliegos está en el Camino de Santiago y el viejo inmueble sanitario se encuentra en la plazoleta de acceso al pueblo desde la Ruta Jacobea. Sin embargo, el presidente de la Junta Vecinal asegura que, de momento, no hay ningún proyecto en marcha.
En 2004 se llevó a cabo el último estudio sobre el meteorito de Reliegos. Fue realizado por Rafael P. Lozano (del Museo Geominero de Madrid) y Tomás Martín Crespo (Universidad Rey Juan Carlos), y sus conclusiones se publicaron en la revista científica Meteoritics and Planetary Science.
Lo más interesante del meteorito de Reliegos es un cóndrulo, de apenas un milímetro de diámetro, clave para estudiar el sistema solar por los valores de la presión y la temperatura que alcanzó al entrar en la atmósfera.
No todos los meteoritos son apreciados. En 2006, la Asociación Leonesa de Astronomía custodió varios fragmentos del superbólido caído en la comarca palentina de La Peña ante el desinterés de las instuciones.
En otros casos, como el del meteorito que cayó en La Mancha en mayo de 2007, los “cazameteoritos” hicieron su agosto y también se llevaron sus restos, sobre todo, al extranjeros, debido también al desinterés de las administraciones públicas españolas.