Félix de la Concha retrata a supervivientes del Holocausto mientras mantiene con ellos largas charlas
El pintor leonés Félix de la Concha en una de las maratonianas sesiones de pintura y conversación con uno de los supervivientes del Holocausto nazi.
F. Fernández / León
No todo está inventado”, se dijo hace muchos años el pintorFélix de la Concha (León, 1962). “No todo está pintado”, se revolvió el pintor leonés Félix de la Concha contra quienes esconden cualquier ocurrencia en la disculpa de que en el arte entendido en el sentido clásico, figurativo, ya está todo dicho.
El leonés Félix de la Concha, residente en Estados Unidos desde hace unos años –si se puede decir residente a alguien que va y viene, que pinta allí o aquí, en Argentina, Cuba, Egipto, México o República Dominicana– es un enamorado de su trabajo hasta ejercerlo de manera casi compulsiva (o sin casi). Igual pinta el río Duero metro a metro desde el amanecer hasta que oscurece que hace una serie de 365 cuadros, uno cada día del año, en ‘One A Day. 365 Views of the Cathedral of Learning’, entre otras muchas series dedicadas al paisaje.
Su última pasión son los retratos con voz, como ‘Private portraits/Public conversation?’, que se compone de 51 retratos de estadounidenses cuyo nexo es el tema del conflicto: laboral, familiar, racial.... Retratos realizados en unas pocas horas mientras mantiene largas conversaciones con aquellos a los que está perpetuando en su trabajo. A esta etapa, a esta serie, pertenece el trabajo que está realizando en la actualidad, en el que retrata a supervivientes del terrible Holocausto nazi. Bueno será ver las series y escuchar los testimonios para no tener ninguna duda sobre la crueldad y la magnitud de aquellos terribles hechos.
Y se puede comprobar, pues si a las anteriores series les había integrado la voz de los retratados, en los protagonistas involuntarios del holocausto ha incorporado el vídeo. “Son muchos los aspectos de sus biografías que me han llamado la atención. Desde cómo los supervivientes se lo contarona su familia hasta cómo evolucionaron sus creencias religiosas después de la terrible experiencia que tuvieron que sufrir”, explica el artista leonés, quien recuerda que la dureza del holocausto marcó todas sus vidas hasta el punto de que en muchos casos “tardaron mucho tiempo en soltarse a hablar, ya iba la conversación muy avanzada cuando fueron cogiendo confianza conmigo, tal vez al ver su retrato”.
Esta relación entre Félix de la Concha y los retratados, ese soltarse según van cogiendo confianza, explica una de las características de los retratos del artista leonés. “Tengo que hacer el retrato con el retratado, no sabría hacerlo sobre una fotografía, aunque soy consciente de que puede resultar incluso agresiva mi insistencia en mirarles a los ojos. Después de cada retrato, unas tres horas, yo acabo agotado pero ellos también”.
Félix de la Concha es consciente de la importancia incluso histórica que tiene el material con el que está trabajando. No lo oculta, como no oculta el destino soñado para todos estos cuadros, donarlos. “Querríaceder estos retratos a un centro dedicado a preservar la memoria del Holocausto”, y piensa en el futuro centro de documentación sobre crímenes cometidos por el Tercer Reich, que está previsto que habrá sus puertas en Múnich en el año 2013, o un museo. Aunque eso es algo que tendrá tiempo para decidir porque lo que le apremia es retratar a estos ex prisioneros, pues son gente de avanzada edad, algo que ha propiciado que algunos de los retratados ya han muerto.
Félix de la Concha es un tipo singular, diferente, que jamás oculta nada, tampoco que alguno de los retratados le ha mostrado su queja sobre cómo ha quedado. “Es lógico, ya me lo advirtieron cuando comencé a hacer retratos, pues surge el conflicto entre cómo nos vemos cada uno y cómo nos refleja quien nos retrata”.
Ahí sigue, a lo suyo, pintando un trabajo con el que se siente el tipo más feliz del mundo, pues “soy un privilegiado que vive de lo que más le gusta y no tiene ambiciones materiales, no aspiro a comprarme un yate”.