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OBITUARIO / José Huertas 'Pepín' / Ex luchador

Bandera de Rucayo con el gran ‘Sastrín’

Fulgencio Fernández / Rucayo
‘‘En Rucayo luchábamos todos, hasta las mujeres y el cura’’. Lo decía José Huertas, ‘Pepín’, como si estuviera viendo las imágenes de su infancia pese a que ya pasaba de los ochenta años. Pero tenía una excelente memoria y era, además, un excelente conversador.
José Huertas, ‘Pepín’ para todos, había sido un buen luchador, la bandera de Rucayo por los corros junto a su inseparable ‘Sastrín’, y también la memoria viva de cómo había sido la vida en los duros años 30 a 70 en su pueblo. Le decías un nombre, un corro, una época, un oficio... y él hablaba, se acordaba con precisión de fechas y nombres, de datos y, sobre todo, era uno de esos paisanos buenos que le gustaba recordar la cara buena de la vida, ‘‘pues bastante me tocó vivir la otra, la dura, la de trabajar por cuatro perras, para comer. Los aluches eran un juego, aunque ‘El Sastrín’ le gustaba tanto que me acabó metiendo el gusanillo de una manera’’.
A Pepín sólo se le entristecían los ojos cuando le decías el nombre de su gran amigo Juan Antonio Suárez, ‘El Sastrín’, aunque en el pueblo jamás le llamaban por el diminutivo. Su trágica muerte en la guerra civil era una losa para Pepín. ‘‘El sastre era un cacho de pan, un tipo bueno sin dobleces, que no sabía nada de política ni le interesaba, a él lo que le gustaba era luchar. Si tenía tres vacas y unas pocas ovejas, bastante tenía con sobrevivir para meterse en nada... le tocó y le tocó, por aquellas cosas que pasaban en aquellos años que fueron terribles para todos. Es más, lo único malo que tenía como luchadores es que lo hacía todo a la buena, si hubiera tenido el repente de su hermano Maximiano hubiera sido lo más’’.
Recordaba Pepín aquellos años en Rucayo. Años de trabajar muy duro con la ganadería, de arreglarse en casa, ‘‘a mi me gustaba andar con la madera, carpintear’’, y de disfrutar después de la lucha y la amistad. ‘‘Lo bonito era bajar todos juntos a luchar. Mira que hice yo kilómetros con ‘El sastre’, íbamos por el monte hasta donde hubiera corro. Yo era casi un niño. No se me olvida la fiesta que hicimos en el pueblo cuando ganó el Provincial de 1933, vino gente de Palencia, de Madrid... menudo baile’’.
Se olvidaba de los días duros cuando hablaba de sus hijos, de lo bien que les fue en León con la cafetería. ‘‘Ahora dicen que soy el padre de el de Las Lleras’’, bromeaba él pues sabía que en su comarca siempre había sido al revés, el personaje era él. Lo encontré a los pocos días de que en la cafetería del hijo le pusieran una bomba los de ETA. ‘‘¿Entiendes ahora lo que te decía de El Sastrín, que le tocó a él y le tocó ¿Porqué le pusieron la bomba a él?, porque le tocó, ¿a quién hizo mal con trabajar?, a nadie’’.
Impecable, como siempre, Pepín, que ya está en el cielo de El Sastrín. Se fue con su amigo.

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