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HISTORIAS DE AQUÍ

El descubridor que faltó en León

Esta semana se ha inaugurado la remodelación de La Olmeda, en Saldaña, a 32 kilómetros de Sahagún. Un agricultor descubrió los mosaicos y los donó

Javier Cortés de Miranda, en una entrevista concedida a la agencia Ical poco antes de su muerte. ICAL

M.C.C. / Ical / León
El pasado 3 marzo, a los 79 años de edad, moría en PalenciaJavier Cortés de Miranda, el descubridor de la Villa Romana de la Olmeda en Pedrosa de la Vega (Palencia), un personaje singular porque no es fácil encontrar alguien como él. De hecho, en León, no hay casos similares aunque la importancia romana de la provincia pueda ser comparable. Quintana del Marco, Astorga, León, Las Médulas...
Esta semana la Reina ha inaugurado la remodelación de la Villa Romana, ubicada a poco más de 32 kilómetros de Sahagún, queha incluido la construcción de un moderno edificio para contemplar el conjunto de mosaicos romanos más importante de España.
Aunque estudió Ingeniería Agrónoma, Javier Cortés de Miranda se dedicó a la arqueología tras hallar el 5 de julio de 1968 en una finca de su propiedad el yacimiento romano. En 1980, decidió cederlo gratuitamente a la Diputación de Palencia el yacimiento. En una entrevista concedida a la agencia Ical un año antes de su muerte, contaba minuciosamente aquel día que cambió su vida y que sirvió de punto de partida a una comarca palentina, la de la vega saldañesa, para hacerse un importante hueco en el mapa de los museos del antiguo Imperio.
“Estábamos haciendo un rebaje de terrenos para poder regar en la finca. Apareció un bloque de piedra grande, macizo todo él y bien tallado y entonces, después de acabar la tarea, me quedé con Avelino Palacios para quitar tierra del pedrusco, y al llegar como a medio metro de profundidad, ¡suelo!”, enfatizaba en tono sorpresivo como si volviera a revivir aquel momento. “Quitamos un poco de tierra y fue Avelino el que se fijó en que estaba lleno de rayas, como de un centímetro de largo, que se disponían en línea recta o en arcos, y de ahí que sospechamos que podía ser un mosaico”. Embargados por la impaciencia, Cortes y Palacios madrugaron al día siguiente para, ayudados por un cuchillo, raspar un poco el suelo, y, en apenas unos minutos, corroborar el sueño que había ido tomando forma en sus mentes: en las entrañas de La Olmeda se escondía un mosaico “con todos sus colores, blancos, negros, amarillos, rojos…”. “Hicimos más grande el agujero y seguía saliendo mosaico, vimos ya dibujos geométricos”, continuaba en su emocionado relato Javier Cortes para concluir que “así fue sencillamente el descubrimiento”. Eso sí, reconoce que el hallazgo fue fruto de la casualidad, no sólo porque nunca antes se había hablado de la posibilidad de un asentamiento romano en aquel alto del convento, sino también porque, como explica uno de los artífices del hallazgo, “si hubiéramos excavado por el otro lado, nos hubiéramos topado con el jardín, que era de tierra y entonces, no hubiéramos descubierto nada”. Algunas catas posteriores confirmaron la presencia de más mosaicos e hicieron que, de boca en boca, la noticia del descubrimiento se extendiera por toda la geografía palentina, más aún cuando el propio gobernador visitó Saldaña para asistir a la toma de posesión del nuevo alcalde de la villa –cuyo bastón de mando tomaba curiosamente el propio Javier Cortes-, y se acercó a la finca de La Olmeda para comprobar la certeza de tan inusual descubrimiento.
Sin duda, una historia para ser contada.

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