José Ferrero y su hijo siguen plasmando en su trabajo las técnicas aprendidas durante un siglo. G.G.
G.G. / Bembibre
Más de un siglo lleva la confitería Ferrero de Bembibre deleitando los paladares más exquisitos de la villa. Una extensa trayectoria que ha sido reconocida recientemente por la Cámara de Comercio de León, quien ha distinguido a este comercio, surgido en el año 1870, con el título de empresa centenaria.
Mucho ha llovido desde que el maestro confitero bañezano José Ferrero Santos abriera este pequeño negocio, que años más tarde se convertiría en uno de los centros de tertulia más cotizados de la capital del Bierzo Alto, donde asistirían asiduamente personajes ilustres de la época como el dibujante Antonio Gago o el pintor Amable Arias.
Hoy en día han pasado cinco generaciones por este negocio familiar y en la actualidad es regentado por José y Rolando Ferrero, padre e hijo, quienes siguen plasmando en su trabajo diario las mismas técnicas y conocimientos de los que se ha valido esta confitería a lo largo de estos más de cien años. “Los productos se siguen elaborando como aprendimos de generación en generación y siempre de forma tradicional”, asegura José Ferrero, quien en abril cederá la titularidad del negocio a su hijo, como manda la tradición. “Pensé que el negocio terminaría conmigo, por eso me hace mucha ilusión que mi hijo haya querido seguir mis pasos y continúe con el oficio”, afirma orgulloso.
Sin duda se trata de una envidiable trayectoria como empresa familiar, basada en la elaboración de productos totalmente artesanales y sin conservantes que han convertido a algunos dulces en referentes culinarios, como es el caso de sus afamadas cestitas o la exquisita tarta charlota que se sirve como postre en el Festival Nacional del Botillo de Bembibre.
Pero esta tradición mantenida a lo largo de 130 años se concilia también con la utilización de nuevas tecnologías, dado que la Confitería Ferrero ofrece la posibilidad de realizar pedidos online para todo el territorio nacional a través de su página web, para que los bembibrenses no sean los únicos que puedan disfrutar del dulce sabor de la tradición.