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HISTORIAS DE AQUÍ

La casa, o me la hago yo o nadie

No cuenta tanto el tiempo que se tarde como una obra con sello propio. Aún hay quien quiere hacerse una casa única o un castillo. ¿Por qué no?

Detalle de la casa que se construye desde hace años en Valencia de Don Juan. PERY

L.C. / Ical León
Hay gente para todo, decía el torero. Y hasta para hacer una casa. En Valencia de Don Juan, Santiago, un pequeño empresario dedicado a la construcción, lleva casi 20 años detrás de un sueño. Una casa que sueña con ser runa réplica del castillo coyantino. Una historia como la Sagrada Familia de Barcelona, levantada ladrillo a ladrillo, con el dinero que le deja su negocio.
El edificio, junto a la antigua carretera comarcal 621, está levantado ya en sus cuatro plantas. El bajo está revestido con cantos de río y las paredes exteriores son como una reinterpretación del castillo que preside la entrada a la capital leonesa del sur de la provincia.
El caso de Valencia de Don Juan, sin embargo, no es el único en la Comunidad. El castillo ‘Las Cuevas’, ubicado en la localidad de Cebolleros —perteneciente a la Merindad de Cuesta Urria—, en el norte de la provincia de Burgos, comenzó a construirse en el año 1978 por el burgalés Serafín Villarán. Soldador de profesión, compró el terreno donde hoy se erige este edificio tan singular. Un espacio donde en su momento sólo se podía comprobar la existencia de dos bodegas a ambos lados.
Hoy, 31 años después de comenzar esa hazaña, su hija Yolanda y su yerno Luis continúan el sueño de Serafín. Un deseo, el de ver finalizada esta construcción, que no pudo cumplir ya que falleció en 1998, 21 años después de comenzar su obra, en la que trabajaba los fines de semana y durante los meses de verano. Sin embargo, sus descendientes fueron conscientes de la importancia de este castillo elaborado a base de piedras de canto rodado procedentes del río Nela, que pasa por la localidad. Ahora son ellos los que trabajan en esta obra en la que aseguran no haber tenido ningún problema con las licencias y para la que Luis calcula que son necesarios aún diez años más.
La constancia y la paciencia eran algunas de las virtudes de Serafín, quien comenzó a trabajar con la idea de construir una casa en forma de castillo sobre el terreno cuando tenía poco más de 40 años. Estas cualidades siguen presentes en el trabajo que realizan en estos momentos tanto Luis, electricista de profesión en Vizcaya, como su mujer. Para él, su ilusión es continuar con la obra, “que se ha convertido en un hobby”, confiesa y añade que tiene más ganas que cuando empezó hace ya 25 años, ya que disfruta de lo que hace y no quiere que se acabe nunca.
A pesar de que desde el exterior parece que las obras de este castillo tan especial han finalizado ya, aún queda el interior de la planta cuarta, donde se ubicarán cinco habitaciones, un salón y una cocina. Por ello, la jornada de trabajo del yerno de Serafín comienza durante todo el verano a las 11 de la mañana y finaliza a las 10 de la noche, un tiempo “que merece la pena sobre todo cuando la gente se acerca a Cebolleros y te anima”.
Además, según señala este vizcaíno, se siente con la obligación de sorprender a aquellos que llegan hasta este castillo, que aunque inspirado en la Edad Media, comenzó a realizarse en pleno siglo XX y que se finalizará en el XXI. Un diseño que sin necesidad de planos fue elaborado en la mente de Serafín y cuya idea trasladó a su yerno, quien comenta que es necesario asimilar lo que se tiene en la cabeza para luego plasmarlo en la realidad. En total cinco alturas y aproximadamente 300 metros cuadrados que permitirán a esta familia disfrutar del sueño que comenzara Serafín. Así, y a pesar de que son muchos los curiosos que se acercan hasta el municipio guiados por el boca a boca, ni Yolanda ni Luis se plantean convertir este hogar en un centro de hostelería. “No tenemos pensado hacer negocio con ello, sólo está destinado a la familia”, indica Luis. Todo un lujo que hoy en día implicaría poseer una alta cantidad de dinero para un posible comprador, pero que según Luis, supone anualmente una inversión media de 2.000 euros, “lo que serviría para ir de vacaciones toda la familia”, añade.

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