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EL PULSO Y LA CRUZ / Antonio Trobajo Díaz

Unas cuentas que no cuadran

hace tiempo, mi padre, que entonces aún andaba con fuerzas, era el ‘contable’ (el ‘cuentaperras’, si quieren) de las colectas que se hacían en la parroquia en que vivía mi familia. Un día me comentó la mejora sustancial que se iba notando en ellas. Era cierto. Pero nos pusimos a echar cuentas y todo se nos vino abajo: las colectas apenas sí llegaban a cubrir los gastos normales de mantenimiento del templo y las actividades pastorales tradicionales. Pero ¿no habría que meter también en las cuentas del haber y el debe los gastos de sustentación y vivienda del párroco, ya que a la parroquia servía; y el apoyo a otras actividades más ambiciosas que no se podían emprender por falta de financiación; y el subsidio a los grupos, por ejemplo, de jóvenes o de matrimonios; y la colaboración con algunas acciones del Arciprestazgo; y la aportación a algunas iniciativas supraparroquiales que la Diócesis tenía entre manos? Para llegar a todo eso haría falta diez veces más de lo que salía en cada cuestación dominical –con poco papel, por cierto–. Verdad que la asignación tributaria, que canaliza el Estado, era un apoyo sustancial, pero los dos, mi padre y yo, estábamos de acuerdo en que la fórmula ideal sería que fueran los católicos directamente los que cubrieran con sus aportaciones los gastos de personas y actividades de la Iglesia.
A ello viene el Día de la Iglesia Diocesana, que hoy tiene lugar. A caer en la cuenta de que el Evangelio anuncia un más allá feliz y perfecto, que es prolongación de un más acá igualmente dichoso y pleno, y que ahí está la misión de la Iglesia. En especial a favor de quienes, por alguna causa, no tienen acceso a lo necesario para ser sanamente felices y poder disfrutar de los bienes terrenos, regalo de Dios para todos sin exclusiones. ¡Queda tanto por hacer! Una misión así debe ser tarea de todos los católicos, ya que todos “somos parte de una Iglesia que ayuda y acompaña”.
Otros pulsos. Corona de rehabilitados para Proyecto Hombre, obra de la Iglesia contra las adicciones malsanas, por sus bodas de plata. Y para las Dominicas Misioneras de Santo Domingo, que celebran los 75 años de existencia de su Congregación. Y un anuncio interesado: el próximo miércoles, a las 8, en el Nuevo Recreo Industrial, comienza un nuevo Cursillo Fe-Cultura, que dirige José Román Flecha. Merecerá la pena.

Antonio Trobajo Díaz es vicario episcopal de Relaciones Públicas de la Diócesis de León

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