Por primera vez se crea una plataforma que pide el Premio Castilla y León de las Letras para el poeta Luis López Álvarez
El escritor leonés acompañado por un grupo de refugiados palestinos.
Fulgencio Fernández / León
Un personaje realmente singular, Luis López Álvarez, ha desencadenado un hecho único, que se cree una plataforma para pedir para él el Premio Castilla y León de las Letras, algo que no se había producido con anterioridad. Se presentan candidaturas, se apoyan... pero no hubo antes una plataforma que salga a la palestra y pida el galardón. Ha ocurrido con un leonés atípico para el que solicitan el reconocimiento, pues argumentan que como “autor de catorce poemarios y de nueve obras en prosa, Luis López Álvarez ha contribuido poderosamente a la toma de conciencia de la comunidad, no sólo mediante el poema de ‘Los Comuneros’, que forma ya parte de la memoria colectiva del pueblo de Castilla y León , sino también –antes y después de su famoso romance– a través de sus poemarios‘Las querencias’, ‘Adarmes’ y ‘Querencias y quereres’, y merced aotros escritos, así como con sus conferencias, discursos y recitales”.
Este leonés de La Barosa, donde nació en 1930, tiene una biografía de un auténtico aventurero de la vida y la cultura. Ha llegado a ser calificado por sus estudiosos como “contradictorio como la vida misma”, así lo define Juan González Soto, autor deuna tesis y un libro sobre él, y lo argumenta con una breve pero jugosa biografía: “Nacido en la provincia de León; a los 2 años le llevaría la vida hasta Valladolid; a los 20 a París, donde estudió Periodismo, Ciencias Políticas, Sociología del Arte y Estudios Latinoamericanos; en el año de 1957 le encaminaría a Brazaville (Congo Francés) como redactor de Radio-Televisión Francesa y allí se une al combate contra el colonialismo; y su responsabilidad llegó a extremos de ser camarada de Patricio Lumumba; y fundar el Instituto de Estudios Congoleños por donde transitaron numerosos estudiantes, muchos de los cuales participaron en el levantamiento congoleño en pro de la independencia nacional, ahogada en sangre; como lo fue el mismo primer ministro y amigo del poeta, el ya mentado Lumumba; igualmente asesinados lo fueron otros amigos, como Mbuye, secretario general del partido de Lumumba; Finant, jefe de la provincia Oriental, y Mpolo, ministro de la Juventud; él mismo temió por su vida, seriamente; aunque, al final, salió del Congo sin que nadie osara tocarle un pelo”.
En el Valladolid de Umbral
Y un excelente poeta y catedrático de Universidad que en la actualidad ejerce como profesor de Literatura en Puerto Rico.
Es evidente que los aspectos más controvertidos de su biografía son aquellos relacionados con su estancia y su actividad en África. Pero ya antes, en Valladolid, había destacado en los ambientes culturales de la capital hasta el punto de que uno de sus amigos de aquella época, Francisco Umbral, llevó su figura a las páginas de su novela ‘Las ninfas’, con otro nombre pero siendo una fiel descripción (“tenía la melena transparente de los que pronto se van a quedar sin pelo, el pelo fosco, más revuelto que abundante, donde el caos quería suplir la escasez”) de Luis López Álvarez (“sus dos apellidos vulgares que, encabalgados uno sobre el otro, perdían vulgaridad y ganaban musicalidad”). Ofrecía Umbral una ingeniosa y atinada definición del poeta leonés:
– “Allí estaba el poeta rural, campesino, propietario, con grandes patillas de zar o, más exactamente, de mayordomo del zar. (...) Tenía en su rostro y en sus manos, curtido todo él por el campo, una solemnidad de papa primitivo, de prior montaraz, un lenguaje casi musical, una entonación antigua y silvestre”.
Definición que completó Francisco Umbral en otro libro posterior, ‘Los males sagrados’, ya con su nombre real: “El joven y fosco poeta, que recitaba con los dientes apretados, iba a ser sin duda una gloria en el mundo del alejandrino”.
En aquella época participó activamente en la vida cultural vallisoletana desde el Círculo Literario Marqués de Santillana o la revista Halcón, que mantuvo una intensa relación con la leonesa Espadaña. Y algunas polémicas, como es habitual en él.
La bohemia de París
París fue la tercera estación del viaje de Luis López Álvarez, corría el año 1950. Allí cursó varias carreras (Periodismo, Ciencias Políticas, Sociología del Arte y Estudios Latinoamericanos), vivió la bohemia, mantuvo una intensa amistad con el poeta cubano José Álvarez Bargaño y un intenso romance con Marie Térèse Scaillierez pero... “al acabar mis estudios estaba deseoso de abandonar París, de iniciar una nueva vida y más cuando acababa de casarme. Mi sueño de siempre era Buenos Aires, pero la amistad de Bargaño me hizo soñar con Cuba. Llegué a tener pasaje en el Reina del Pacífico...”.
Y acaba en África al aceptar un destino de redactor de la Radiodifusión-Televisión Francesa en Brazzaville (Congo Francés). “Aquel país me impactó profundamente, tuve que comprender y asumir una cultura totalmente extraña, romper con todo lo que había vivido antes”, le confiesa a Robert Saladrigas.