Veo obras por todas partes, doctor, ¿qué me pasa?, ¿es grave?”. A este equipo de gobierno, de repente le ha entrado una fiebre brutal, imprevista, maníaca, por hacer obras al más puro estilo gallardoniano. Obras son amores y no buenas razones ya lo sé, pero tal es la proliferación de obras que se realizan estos días en la ciudad, que sueño con la escarificadora, la pulverizadora, los calentadores de asfalto y los extensores de áridos autopropulsados.
No hay calle, ni acera, ni trozo de la ciudad que no esté cortado por obras. Que buscas un atajo… ¡la raspadora en los morros! Que das la vuelta a la esquina, ¡el camión con semirremolque! Zapatero, con el recurrente Plan E le ha dejado tanto dinero a Paco, que la cartera se ha quedado sin fondos para su Palacio de Congresos. Al fin y al cabo, este proyecto y el del tranvía, aproximan menos a la concurrencia que un buen plan de asfaltado, con sus rayas y pinturas recientes, aunque las azules las tengamos que aceptar como reserva para el aparcamiento de pago. Donde esté lo tangible y lo concreto (un buen cocido con tropiezos y compango) que se quite la cocina de vanguardia con sus mariconadas y sus espumas de sifón.
Que no se agobien ‘los pacos’ –Fernández y Gutiérrez– por no tener proyecto ni presupuesto para obras singulares. Mientras exista un plan de asfaltado como el presente, los votos estarán de su lado.
No obstante, hay que reconocer que León sigue siendo una ciudad abandonada, o en obras. Abandonada está la Lastra con sus semáforos, sus paseos, sus novedosas farolas y sus edificios vacíos. Como Eras, hace veinticinco años. Si no es porque Carrasco ‘se pone los pantalones’, tenemos las casetas, todavía hoy, a la vera de San Marcos. (Por cierto, con el Parador también en obras, bajo el impulso de Miguélez y Martínez).
León en obras, necesita la solución ferroviaria en la zona del Crucero, el soterramiento de Feve, completar rotondas, terminar Michaisa y Mariano Andrés, habitar la Lastra, impulsar Almansa, y atender los barrios, incluida la zona de la antigua Azucarera.
Hay tantas cosas por hacer, que casi molesta que te hablen de palacios o de tranvías.